Se supone que todos los viajes a corto plazo llegan a su fin. Pero tener un tiquete de regreso en la mochila no hace que el camino a casa sea fácil. A continuación, presentamos seis pasos simples que puedes seguir para sobrellevar uno de los momentos más difíciles de viajar al extranjero: volver a casa.
1. Retoma tu rutina anterior
Tu cuerpo no sabe si son las 3 de la mañana o las 3 de la tarde, tu despensa está vacía y tu ropa está enredada en el fondo de la maleta. Después de una temporada de aventura, puede que esto sea lo último que quieras hacer, pero volver a un ritmo de vida normal es fundamental.
Duerme cuando los demás duermen, ve al supermercado y deshaz tu maleta. Una mente bien descansada y un cuerpo bien alimentado crearán el entorno adecuado que necesitas para procesar de manera productiva los recuerdos y las emociones de tu experiencia.
2. Prepárate para un choque cultural inverso
Probablemente lo sentiste al principio de tu viaje, cuando no reconociste la comida en tu plato, y lo volverás a experimentar al regresar. El choque cultural es una reacción emocional ante una forma de vida diferente. Tu cosmovisión ha cambiado debido a tu tiempo en el extranjero, por lo que cosas que antes eran normales para ti pueden provocarte enojo, confusión o tristeza.
El choque cultural inverso intenso puede surgir repentinamente, y situaciones familiares como volver a asistir a los servicios en tu iglesia de origen pueden sentirse difíciles o extrañas. En la mayoría de los casos, la desconexión se manifestará sutilmente.
En ambos casos, es importante aceptar el choque cultural inverso como parte del proceso de reintegración y examinar tu reacción. Haz el esfuerzo de compartir estas experiencias con las personas más cercanas a ti, incluso si no pueden entenderlas completamente. A medida que avanzas, considera cómo Dios puede usarte al notar cosas en tu propia cultura que otros no ven.
3. Acepta el duelo
Sin importar lo breve que sea, un viaje de corto plazo puede cultivar relaciones profundas con personas y lugares. Dejarlos atrás conlleva una tristeza genuina que aflora en momentos inesperados. El duelo puede hacerte sentir especialmente solo si nadie más en tu entorno lo está viviendo.
En esta etapa, resiste la presión de apresurar este proceso y «seguir adelante». Busca maneras personales de celebrar estos recuerdos. Coloca fotos y recuerdos en tu hogar, o recrea tu comida favorita que disfrutaste en el extranjero.
4. Procésalo en la oración
Ya sea bueno, malo o algo intermedio, regresas a casa con una mezcla de conversaciones, imágenes y reflexiones espirituales. Dependiendo de tu forma de procesar las cosas, podría llevarte una semana o un año asimilar cada experiencia. Dedicar tiempo para procesar tu viaje misionero en oración crea el espacio para que Dios continúe formándote a través de esa experiencia mucho después de que haya terminado.
Puede que te resulte útil anotar estas oraciones y reflexiones en papel para volver a ellas cuando los recuerdos no estén tan frescos. Reflexiona y anota las respuestas a preguntas como: «¿Cómo ha cambiado mi visión del mundo?»..
5. Encuentra a alguien dispuesto a escuchar
No hay nada como un simple «¿Cómo te fue en el viaje?» para que empieces un monólogo de 30 minutos ilustrado con 189 de tus fotos favoritas. Unos seis minutos después, ves que la mirada de ese amigo bienintencionado se vuelve ausente, pero no puedes detenerte. Las palabras siguen fluyendo. Basta con un par de experiencias como esta para que modifiques tu respuesta a «¡Fue genial! Vi a Dios actuar de formas únicas. Espero volver algún día».
En las próximas semanas, programa una reunión de una hora con alguien para hablar exclusivamente sobre tu experiencia en el extranjero. Esta persona no tiene que ser tu mejor amigo, sino alguien que haya servido en un contexto transcultural y haya pasado por el proceso de reintegración. Envía un correo electrónico a tu pastor de misiones, a tu vecino que ha servido en el extranjero o ponte en contacto con un orientador de misiones de TEAM. Esta conversación te ayudará a analizar los detalles y a seguir adelante con claridad y propósito.
6. Mira hacia adelante
Lucas 10:17-20 narra una conversación de reflexión entre Jesús y 72 misioneros. Podemos imaginar a los 72 emocionados, describiendo sus momentos más impactantes diciendo: «¡Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre!». Pero Jesús les advierte que no se regocijen por lo que ocurrió durante su viaje. En cambio, los anima, y nos anima a nosotros, a «regocijarnos porque nuestros nombres están escritos en el cielo».
Quizás tu experiencia en el extranjero fue muy enriquecedora y presenciaste la conversión de un nuevo creyente. A la luz de eso, retomar tus responsabilidades normales fuera del ministerio puede parecer insignificante. O tal vez, al reflexionar sobre tu viaje, lamentas que «no haya pasado nada». Ambas percepciones son dolorosas.
Sin embargo, Jesús nos recuerda que la única obra que realmente importa es la suya en la cruz, que asegura nuestra identidad para siempre. En esta libertad, pregúntate en oración: «¿Cuál es la invitación de Dios para lo que viene?».
Este artículo ha sido traducido del desde el blog de TEAM en inglés. Puedes consultar el artículo original en Six Steps for Thriving After Your Short Term Mission Trip
