Del barrio a las naciones: Dios usa todo, ft. Israel Rodríguez

Israel comparte cómo Dios lo llevó de un contexto difícil a servir en Asia usando herramientas sencillas como el fútbol y la enseñanza. Una charla honesta sobre las expectativas reales del campo, el trabajo en equipo y cómo nuestra identidad latina abre puertas únicas para el Evangelio.

VIDEO:

PODCAST:

Transcripción:

David

Hola y saludos nuevamente, bienvenidos a este espacio de Team misiones, y esta es una herramienta, este es un podcast que queremos compartir con ustedes para que juntos podamos aprender acerca de la misión de Dios en nuestro contexto y hasta los confines de la tierra también. Así que este es un espacio para conversar con amigos acerca de la misión de Dios.

Y hoy, desde Ecuador estamos grabando este episodio y estamos en un campamento a la orilla de la playa, y estamos con un invitado especial que tiene experiencia en  campo misionero y que ahora está aquí en Ecuador, y vamos a escuchar un poco acerca de él. César Israel. Te voy a llamar Israel. Así que bienvenido a este espacio. Muchas gracias por estar con nosotros.

Israel Rodríguez

Gracias por la invitación.

David

Sí, por supuesto. ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? Cuéntanos un poco tu historia de vida.

Israel Rodríguez

Sí. Bueno, Israel Rodríguez, por la gracia de Dios, el Señor me salvó a los 18 años. Antes de eso no conocía del Señor. Vivía para mí mismo una vida muy vacía. Me creía un niño, un joven siempre moralmente bueno y cuando me comparaba con mis amigos decía cosas como, «No soy tan malo como ellos».

Yo crecí en un barrio muy difícil, un barrio muy complicado. En el sector había pandillas y drogas y luego cuando yo crecí en ese contexto no hice cosas como esas, entonces pensaba, «No, no soy tan malo».

Pero cuando tenía 18 años, mi hermano mayor estaba estaba saliendo con una chica cristiana y ellos me invitaban a la iglesia todo el tiempo. Un día me encontraron en un sofá sin hacer nada, entraron a la casa y me dijo, «Israel, ahora no tienes excusa, no tienes, no estás haciendo nada, así que acompáñanos».

Ese día el pastor dio una pequeña explicación del evangelio y por la primera vez yo pude entender el evangelio y que no era tan bueno como yo creía, y ese día le entregué mi vida al Señor.

Entonces, cuando yo entendí el evangelio, también entendí temprano por medio de la palabra que Dios nos llamaba a compartir estas buenas noticias con otros. Entonces, rápidamente empecé con algunos amigos de la congregación a salir a compartir el evangelio a parques, a semáforos, nos subíamos en los buses, íbamos a las clínicas de rehabilitación de jóvenes, jóvenes que tenían problemas de droga, y hacíamos teatros, mimos y compartíamos el evangelio.

Entonces, eso es un poquito de mi historia,  cómo el Señor me salvó y luego que me salvó, el Señor me dio una pasión para compartir también este mismo mensaje de salvación con otros.

David

Muy bien. De ese momento a tu salida al campo misionero, ¿qué sucede? ¿Nos puedes contar en esa línea de tiempo cuáles fueron esos eventos importantes? Cuando tú dijiste, «Yo tengo deseo», y momento que tú dijiste, yo tomo la decisión de salir al campo misionero para compartir el evangelio transculturalmente.

Israel Rodríguez

En mi caso, creo yo que fueron un sinnúmero de experiencias, desde llegar al Señor, ser discipulado por un anciano de la iglesia, profundizar en mi entendimiento de la palabra del Señor, servicio al Señor en mi iglesia local y cosas como esas.

Pero bueno, el Señor utilizó algunas experiencias también como conferencias misioneras, viajes transculturales. Yo estaba sirviendo en mi iglesia local, estaba muy activo en mi iglesia local, pero yo nunca había asistido a una conferencia donde hablaban sobre la misión, la misión de Dios, sobre todo en contextos donde el evangelio aún no era conocido.

Entonces, términos como grupos no alcanzados o la iglesia siendo perseguida, eran cosas foráneas para mí. Yo no había oído, pero una vez asistí a un seminario justo en este mismo lugar, por hecho asistí aquí por primera vez, escuché sobre grupos no alcanzados.

Yo no tenía idea que literal había millones y millones de personas que nunca habían escuchado el evangelio. Recuerdo que un pastor y un ex misionero estaba compartiendo el mensaje y al final de su intervención él puso una fotografía, él proyectó una fotografía. Era una mujer, ella estaba enterrada en el piso. Lo único que podías ver era su cabeza. Ella estaba viva.

Alrededor de ella habían hombres con piedras en sus manos. Estos hombres iban a lapidar a esta mujer porque ella era una cristiana seguidora de Jesús y había decidido no negar su fe en Cristo Jesús.

Cuando yo vi eso, me sentí, sentí una bofetada, literal, porque aunque estaba sirviendo en mi iglesia local y estaba muy activo, dije, sentí como que en comparación a la fe de esta mujer, yo no estaba haciendo mucho por el Señor. Aunque no fue una voz física, sentí en ese momento que el Señor me dijo, «Yo te quiero para el ministerio». Y esa noche le dije, «Heme aquí, Señor, envíame».

Probablemente no entendía con esa actitud lo que yo estaba diciendo al Señor, pero sabía que Él me podía usar independientemente de quién yo era, mis habilidades, mis luchas, mi pasado.

Justo hoy hablábamos en el devocional, de que si Dios usó a Pablo, un ex asesino de cristianos, Dios puede usar a cada uno de nosotros.

Entonces, bueno, el Señor usó esa conferencia para componer esa carga por las misiones en mi vida. Luego tuve la oportunidad de ir a viajes de corto plazo, misiones en mi país. También aquí Latinoamérica, fui a Perú, fui Haití, y comencé a leer biografías misioneras, y comencé a prepararme más, hacer estudios bíblicos sobre la misión de Dios.

Y mientras seguía en mi iglesia local, yo creo que Dios seguía reforzando ese llamado en mi vida.

Luego el Señor abrió puertas para ir a servir misiones en Asia, en un país muy grande, con mucha necesidad del evangelio. Y bueno, eso sería como un resumen más o menos de, pero el Señor utilizó algunas experiencias.

Yo recuerdo que fui a un viaje exploratorio, un viaje de servicio a Haití, por dos semanas. Y también añadiendo que mi aceptación al llamado tampoco fue tan fácil. Hubieron momentos donde hubo esa lucha realmente.

Porque al final tampoco las misiones son tan románticas como parecen. Esta idea de oh, de que quizás o esta buena percepción de que oh, esto es bonito. Realmente es complicado salir de tu cultura, aprender un nuevo idioma, levantar fondos y todo esto.

Pero yo un día me registré para un viaje misionero a Haití, por ahí por el 2011, y ya tenía los fondos, tenía el permiso del trabajo y me había inscrito.

Y sabes, unas semanas antes comencé a dudar acerca de la cantidad de dinero que quizás se iba a usar. Mi padre había perdido su trabajo, entonces yo quería contribuir un poco. Entonces comencé a pensar, voy a llamar a los organizadores y les voy a decir que no voy a poder ir.

Pero no tenía paz. Honestamente sentía que estaba siendo desobediente al Señor porque Él había provisto todo lo necesario.

Pero bueno, una mañana yo iba a mi trabajo en la motocicleta, iba subiendo un puente y justo lo que subo el puente  la motocicleta comienza a tambalear tanto que casi me caigo. Logro frenar, me bajo y tenía la llanta hecha trizas, la llanta trasera.

Un kilómetro más adelante encuentro una de estas tiendas vulcanizadoras donde arreglan las llantas. El señor me dice, «El tubo está hecho trizas, necesitas uno nuevo».

Llamo a mi papá y le digo, «Papá, por favor, cómprenme un tubo para poder arreglar la motocicleta e ir al trabajo».

Entonces, mientras yo esperaba en la avenida principal, un tráiler pasaba y justo como a 10 metros a mi derecha había un hombre parado. De repente este hombre da un paso y se lanza debajo de este tráiler.

Yo nunca en mi vida había visto alguien perder la vida enfrente mío, mucho menos alguien quitarse la vida. Entonces, yo estaba en shock. Yo dije, «¿Qué pasó aquí?»

Luego la motocicleta ya fue arreglada. Mi papá vino, arreglaron la motocicleta y yo me dirigía a mi trabajo.

Pero David, esa imagen se repetía en mi mente una y otra vez, como en cámara lenta este hombre lanzándose, y seguía repitiendo, repitiendo esa imagen, y llegó un punto donde no pude más y comencé a llorar. Se me salieron las lágrimas y dije, «Señor, ¿por qué me permitiste ver esto?»

Luego tuve que calmarme un poco, frené la motocicleta, me saqué el casco y comencé a orar al Señor, y aunque no fue una voz audible, yo sentía en ese momento que Dios quería enseñarme una lección.

Lo primero que trajo a mi mente es este viaje a Haití. Y pensaba que como este hombre se quitó la vida creyendo que no había esperanza para vivir, nosotros los cristianos sabemos que hay una esperanza eterna para vivir aún en medio de las dificultades más complejas de la vida, y esa esperanza es Jesús, el evangelio.

Entonces decidí ir y le doy gloria a Dios que fui a este viaje porque fue en ese lugar donde el otro empujoncito más que necesitaba para entender que sí el Señor me estaba llamando a una vida de servicio y las misiones.

David

Sí, y gracias por compartir todo esto, César. Fue un evento muy fuerte, no cualquiera mira eso, no todas las personas todos los días miran eso. Pero especialmente  lo que el Señor está obrando en tu corazón también y cómo Él usó las diferentes circunstancias en tu vida para impulsar su misión, en tu propio corazón como convicción al final.

No solo como una aspiración, como tú decías, sentimental.

Adelantémonos un poquito en el tiempo y llegas a Asia, estás sirviendo ahí y miras hacia atrás. ¿qué tipo de entrenamiento práctico? Bueno, tuviste una preparación, pero muchas veces es bastante circunstancial y de repente tú dices, «Esto me puede servir»,  todo sirve. Tu experiencia laboral, tu conocimiento, tus estudios bíblicos, y especialmente tu contacto y tu relación con la iglesia local que te está enviando también. Pero estás sirviendo en un contexto diferente, idioma diferente. Miras hacia atrás y dices, «Oh, esto me hubiera servido.» o, «Qué bueno que tuve esto.» ¿Cuáles son esas preparaciones que necesita un latinoamericano? Y  lo digo desde el punto de vista de,  tenemos que hacer esto conscientemente. Según tu experiencia en el campo misionero.

Israel Rodríguez

Creo que tener expectativas honestas de cómo va a lucir la vida en el campo. A veces he visto, y a veces en nuestra pasión y nuestra emoción y el furor vamos con esta idea de que el primer año, segundo año ya vamos a alcanzar a millones de personas y Dios puede hacerlo, pero al final del día no es así. El Señor realmente tiene que trabajar en nosotros.

Entonces, ir con expectativas realistas uno y saber comunicarlas bien a tu iglesia local. Porque quizás si no se comunica bien eso, la iglesia espera que tú en 6 meses o un año quizás ya tengas personas bautizadas y entonces entender que es un proceso que requiere humildad, pero también requiere tiempo.

Y una de las cosas que son importantes es el aprendizaje de un idioma. No podemos comunicar con claridad el evangelio y discipular a locales si no entendemos, comprendemos y hablamos con fluidez el idioma. Segundo, el tema de la cultura que está tan ligado a la parte del idioma. Entonces, requiere tiempo.

Pero volviendo a tu a tu pregunta, otra habilidad o otra área que yo creo que sería bueno que nosotros desarrollemos es trabajar en equipo. Saber trabajar en equipo es muy importante.

A veces se habla mucho de la importancia de y todas las demás cosas son buenas, como conocer el evangelio, poder comunicarlo con claridad, tener la habilidad de hacer discípulos, pero la realidad también es que vas a trabajar en un equipo. La mayoría de organizaciones trabajan en equipo, no vas como llanero solitario, vas a ser parte de tu equipo y como obreros seguimos siendo seres caídos y con el pecado y luchamos.

Entonces, una de las luchas que a menudo se dan es los conflictos en el equipo. Entonces, poder desarrollar la habilidad de cómo respondo al conflicto y cómo comunico mis desacuerdos, cómo comunico con gracia,  cómo puedo utilizar el mismo evangelio para traer unidad al equipo y porque las dificultades y los mal entendidos van a llegar.

Sí, van a llegar. A cualquier equipo llegan. Pero la pregunta es, ¿cómo respondo  a ello y cómo el evangelio me ayuda a seguir amando a los miembros de mi equipo aún cuando tenemos diferencias?

Entender que otro aspecto también la inteligencia cultural, no solo emocional, pero inclusive la cultural, entender que mi cultura no es mejor que la de ellos, ni la de ellos es mejor que la mía, que Dios se puede glorificar y Dios puede construir un equipo y unidad en medio de cualquier cultura. A veces  yo creo que como latinos también nos falta entender un poquito eso de humildad porque sí, gloria a Dios, nosotros somos muy relacionales y todo eso y queremos ya ganar el mundo, pero necesitamos aprender también a trabajar en equipo.

David

En tu experiencia, ¿cómo fue el equipo? ¿cómo lucía el equipo? Estaban en un país en Asia que pues cada uno tenía que aprender el idioma, pero ¿cuál era el idioma del equipo? Y también ¿de qué países eran?

Israel Rodríguez

Era un equipo multicultural y personas de diferentes partes del mundo, americanos, europeos, latinos, pero sí eran era un grupo multicultural. Teníamos gente de Costa Rica, Inglaterra, Estados Unidos, ya lo mencioné, Ecuador, Perú, era un equipo multicultural.

El idioma que utilizábamos para comunicarnos y para las reuniones de equipo, de trabajo, de planificación era el inglés. Y la razón también era porque cada misionero estaba en cierto nivel del aprendizaje. Algunos ya tenían un buen tiempo en el país y ya estaban estudiando el idioma por muchos años. Otros como mi caso, yo acababa de llegar, entonces fueron muy bondadosos y utilizaron el inglés para yo poder también participar.

Pero las reuniones del equipo o el idioma de comunicación que se utilizaba en el equipo era el inglés, lo cual es muy importante también. Tuve amigos, no trabajaban con mi organización, pero tuve amigos latinos que fueron a servir y solo hablaba en español y Dios puede usar. Dios definitivamente Dios puede usarnos en medio de nuestras debilidades, pero vi cuán duro era también poder adaptarse, poder aprender inclusive el idioma.

A veces el inglés puede servir inclusive como un puente para entender lo básico del tercer idioma que quieres aprender. En ese caso, el idioma local. Eso fue lo mío. No había muchos recursos en ese momento, en esos tiempos no habían tantos recursos en línea como los hay ahora. Entonces, por medio del inglés, yo podía entender significados de palabras o encontrar recursos en línea.

Entonces, yo creo que es muy importante también desarrollar la habilidad lingüística antes de llegar al campo, porque realmente nos, aparte que nos ayuda a contribuir al equipo, poder compartir tus ideas por ti mismo, aparte, sí van a haber miembros del equipo que te van a apoyar, pero no te sientes como una carga más al equipo cuando tú mismo puedes contribuir con tus propias ideas, porque cada uno de nosotros tenemos cosas muy valiosas para compartir y aportar.

Y si tú puedes comunicarlas con claridad, no necesitas tener un inglés perfecto, pero si te haces entender, eso va a ayudar mucho. Aparte te ayuda con el tema de la cultura, como dije, el tema del idioma, cosas así.

David

Sí, claro. Muy bien. Aparte del idioma y de la preparación lingüística Israel, ¿qué otras cosas se necesitan? Podemos hablar de preparación bíblico teológica, de alguna habilidad técnica. Según tu experiencia, ¿qué crees tú que es valioso llevar en la mochila? Una mochila como metáfora, de todas las cosas que necesitamos para prepararnos.

Israel Rodríguez

Bueno, definitivamente  la preparación bíblica, teológica, probablemente no necesites un postgrado o algo así, pero sí, al menos algo de educación formal en la parte teológica, bíblica, yo creo que es importante porque nos van a hacer preguntas en nuestra fe. Algo de apologética es muy importante.

Estamos trabajando en grupos donde hay otras religiones que creen algo totalmente distinto a lo que nosotros creemos y cuando lleguen estas preguntas podamos responder con claridad, con confianza y seguridad a todo esto. Pero bueno, definitivamente preparación bíblica, teológica, poder realmente, si el evangelio es el mensaje que vamos a comunicar, poder tener una raíz profunda de qué es el evangelio, qué son las buenas noticias.

Y yo creo que también eso lo desarrollamos en nuestros países de origen antes de salir. Si realmente me cuesta o soy muy tímido en comunicarlo, alguien que no conozco en mi propio país, va a ser mucho más difícil comunicarlo a alguien en una cultura distinta, en un lenguaje distinto.

Entonces, yo creo que eso sería una área muy importante para prepararnos, tener esa práctica de no solamente estudiar el evangelio, conocer el evangelio, pero cómo logro articularlo con alguien que no conoce el evangelio.

Poder sentarme con una persona y pasar quizás unas semanas o meses ayudándole a esa persona a entender el evangelio, qué sé yo, realizar un estudio bíblico sobre el evangelio de Juan con alguien, entonces eso te va a preparar para el campo.

David

Y en cuestiones técnicas, ¿con qué herramientas fuiste tú al campo misionero que te permitieron servir ahí? ¿O puede ser aún qué herramientas adquiriste en el campo misionero?

Israel Rodríguez

Bueno, yo fui como un estudiante. Hay diferentes maneras de ir al campo. Yo fui como un estudiante, un estudiante del idioma. Trabajé en una en una zona donde habían diferentes minorías étnicas, grupos étnicos. La idea era que mientras yo estudiaba el idioma poder construir relaciones con los jóvenes universitarios.

En este país donde vivía, muchas minorías étnicas son enviadas a una universidad específica para etnicidades. Entonces encontrabas diferentes grupos. La idea era hacer, en mi caso, yo hacía conexiones por medio de enseñar español y jugar fútbol.

Yo iba a la cancha de fútbol y ahí habían chicos deseosos de practicar y nosotros tenemos esta fama de que nos gusta jugar el fútbol, los latinos, así que a los locales les gustaba poder jugar con nosotros.

De hecho, uno de mis mejores amigos en este país, yo estaba jugando fútbol, fui con un amigo de Argentina a jugar a la cancha de fútbol y luego un local se nos acerca y habla español en un perfecto, perfecto español y nos dice, “¿Ustedes son de Latinoamérica?” Y le dijimos, “Sí.”

Nos conversó un poco que estaba, él estudiaba en un país Latinoamérica, estudiaba en Cuba para ser doctor y estaba visitando las vacaciones. Entonces nos reunimos varias veces para conversar, comer, jugar fútbol y antes que se marchara sentí de parte de Dios regalarle una Biblia en su idioma, una Biblia y la aceptó con mucha felicidad.

El siguiente año regresó para el verano, nos reunimos con él. Su nombre en español, él se llama Óscar. Y Óscar, compartimos, jugamos fútbol y cuando se iba nuevamente comimos, cenamos y él me dijo, «Gracias por regalarme esa Biblia. Quiero que sepas que la estoy leyendo y voy por la mitad de la Biblia.»

En un año él había leído la mitad de la Biblia. Él no dijo en ese momento, «Yo soy cristiano» o cosas así. Pero para mí fue un gran testimonio de que Dios está obrando y nosotros tenemos que estar dispuestos a ponernos en situaciones donde podemos compartir con otros.

Entonces, el país donde yo servía, es un país no hay libertad religiosa, entonces necesitas buscar maneras creativas para compartir tu fe. Entonces, como dije, en ese caso, yo buscaba maneras como enseñar español en un club, enseñar inglés, jugar fútbol o enseñar fútbol a niños de la comunidad y los padres estaban muy alegres de que «¿le vas a enseñar gratis fútbol a mis hijos?, los envío».

Entonces ya ese tipo de cosas, por ejemplo, quizás tomar un pequeño entrenamiento en tu país de una, dos semanas, un mes, sobre cómo enseñar fútbol, cosas así, o cómo enseñar español, cómo enseñar inglés, maneras en la que uno puede bendecir a la comunidad.

Y cuando uno bendice a la comunidad, Dios también abre puertas para crear relaciones significativas.

David

Claro, por supuesto. Gracias, Israel, por comentarnos todas estas cosas. 

Ya, para cerrar, ¿qué le dirías a un creyente latinoamericano que está considerando seriamente servir transculturalmente?

Israel Rodríguez

Le diría que le crea al Señor, que Dios puede usar, que al final la misión se trata de Él y no de nosotros. Que crea que el Señor puede proveer los recursos para su obra, que tenga un entendimiento claro del evangelio, porque es el evangelio el que vamos a comunicar, no nosotros, no nuestras ideas, es el evangelio.

Que tenga la habilidad de hacer discípulos, poder compartir con las personas, de llegar a las personas, de hacer amistades. Todos tenemos diferentes personalidades y está bien, pero al ir al campo necesitamos salir de nuestra zona de confort en muchas ocasiones.

Entonces, yo le diría eso, que Dios nos puede usar también a nosotros los latinos. Tenemos tantas similitudes en muchos de estos lugares. Creo que de hecho Dios está abriendo más puertas ahora para los latinos para servir en lugares de difícil acceso en comparación a gente de Europa o de Estados Unidos.

Nosotros fuimos colonizados. Estos países, muchos de estos países fueron colonizados. Ese tipo de historias creo que nos acercan un poco. El tema de las comidas, el fútbol, todo ese tipo de bagaje que Dios puede usar para su gloria.

David

Excelente. Muchas gracias, Israel. Y bueno,  a todos los que nos han acompañado a lo largo de estos minutos, queremos agradecerles pero especialmente compartir este mensaje de que Dios quiere usar a la Iglesia Latinoamericana para bendecir a todas las familias de la tierra.

Esa fue su promesa desde el inicio y Él ha venido desplegando y desarrollando este plan de redención para todos los pueblos de la tierra. Y un día estaremos, como dice Apocalipsis 5, Apocalipsis 7, estaremos ante el trono de Dios, gente de todo pueblo, tribu, lengua y nación, rindiéndole adoración por la eternidad.

Así que el Señor use tu iglesia local, que el Señor te use a ti para llevar su gloria a las naciones. Nos vemos en un próximo encuentro. Que el Señor les bendiga.