Dos cualidades que necesitas para un viaje misionero de corto plazo

En un viaje misionero de corto plazo, lo más importante no es lo que llevas en la maleta, sino lo que llevas en el corazón. La flexibilidad ante los cambios y la humildad para depender de Dios pueden transformar completamente tu experiencia y tu servicio.

Ya sea tu primer viaje misionero de corto plazo o el décimo, probablemente estés pensando en hacer una lista de cosas para empacar.  De hecho, es posible que el líder de tu equipo te entregue una lista con detalles específicos sobre el clima, la vestimenta adecuada, los materiales evangelísticos que debes llevar o incluso el muy apreciado consejo de llevar algunas barritas de cereal, por si acaso. Sin embargo, nada de lo que pongas en tu maleta va a determinar el éxito o el fracaso de tu viaje. No eres un turista, sino un representante de Dios y de Su amor.

La parte más importante de tu preparación tendrá que ver totalmente con el corazón. Esto nos lleva a hacernos la pregunta: ¿Cuáles son las cualidades más importantes que necesitas en un viaje misionero a corto plazo

Se podrían mencionar infinidad de características para describir al misionero a corto plazo ideal: pasión, generosidad, buena salud, disponibilidad, preparación, entusiasmo y disposición para aprender son solo algunas que vienen a la mente. Pero como hijo de misioneros que ha estado tanto en el lado anfitrión como en el lado que envía,  he descubierto dos de las cualidades más cruciales que necesitas en un viaje misionero de corto plazo.

Flexibilidad

Un equipo suele prepararse durante muchos meses, decidiendo cómo procederá y qué hará. Desarrolla una estrategia y compra los artículos necesarios para su lugar de ministerio.

Sin embargo, surgen cambios, y la flexibilidad es crucial. La capacidad de adaptarse puede determinar el éxito o el fracaso del viaje.

Puede ser por falta de comunicación o de preparación. También puede deberse simplemente a un cambio de planes que está fuera de tu control.

En el Nuevo Testamento, Pablo estableció un estándar muy alto en la obra misionera, aunque a menudo tuvo que abandonar sus propios planes. Un gran ejemplo es Hechos 16:6-10 , cuando Pablo partió hacia Bitinia: él y Silas tenían una estrategia para esta gran ciudad, pero el Espíritu Santo no les permitió ir.  En cambio, el Señor se reveló mediante una visión llamando a Pablo y a su equipo a Macedonia. El versículo 10 nos dice que Pablo «se preparó inmediatamente para partir», sin dudar cuando el Señor le comunicó una nueva dirección.

Un cambio de planes no es la causa de que un viaje se convierta en una decepción. Es aquí donde aprendes a mantener el compromiso a pesar de los contratiempos. Es aquí donde aprendes que hacer ministerio con las personas es más efectivo que hacer ministerio para las personas. Es aquí donde puedes reevaluar las razones y el valor de emprender un viaje misionero de corto plazo.

Una vez, en el extranjero, un equipo vino a servir con mi familia en una zona donde tres grupos tribales se habían unido para formar una comunidad de 43 familias. Al principio, se les negó el acceso y tuvieron que retirarse. Sin embargo, poco tiempo después, se produjo un incendio entre estas casas y el equipo fue recibido con los brazos abiertos para ayudar con alimentos y otras necesidades. Las personas se unieron de inmediato y decidieron que también querían ser cristianas. El equipo, sabiamente, prometió regresar y enseñarles lo que significa ser cristiano. Después de seis semanas de ministerio, el equipo pudo bautizar a 99 personas que habían tomado una decisión genuina de seguir a nuestro Señor. El equipo demostró flexibilidad y la necesidad de adaptarse al cambio al poder atender otras necesidades e incluso regresar más adelante.

Humildad

Junto con la flexibilidad, se necesita humildad. Quien participa en un viaje misionero de corto plazo necesita estar firme en la sólida verdad de que nuestro Dios muestra Su fuerza en nuestras debilidades.

Podemos ir con confianza a los viajes misioneros sabiendo que nuestra fortaleza está en Cristo, ya que la verdadera humildad crea un reconocimiento sincero de nuestra dependencia de nuestro Padre.

Pablo podría fácilmente haber caído en la autoalabanza por su trabajo, pero Dios lo mantuvo humilde y consciente de su propio «aguijón en la carne» (2 Corintios 12).  Si bien no sabemos con certeza qué era este aguijón, se nos dice que era un instrumento de Satanás en forma de dolencias físicas y persecución. Pablo le rogó al Señor en varias ocasiones que se lo quitara.  El hecho de que Dios no lo hiciera y que permaneciera como un motivo de humildad para que Pablo buscara continuamente al Señor es lo que lo capacitó. De igual manera, cuando somos capaces de dejar de lado lo que nos distrae y servir al Señor primero, eso es lo que nos califica.

Los equipos de construcción solían venir a la zona de ministerio de mi familia con la expectativa de poder escapar del calor, dormir en camas cómodas en hoteles o tener una Coca-Cola al alcance de la mano. En cambio, se encontraban en una zona sin hoteles, durmiendo uno al lado del otro sobre el suelo de cemento, sin aire acondicionado, comiendo lo que les servían y lavando su ropa en un río cercano. La comodidad era su «aguijón», y aun así, se levantaban cada día, trabajaban desde el amanecer hasta el anochecer y lo hacían con alegría, sabiendo que era para el Señor.

Como seguidores de Cristo, incluso miles de generaciones después de Pablo, aprendemos que la gracia de Dios es suficiente para dominar estos «aguijones», y que Su poder se perfecciona en nuestra debilidad. En muchos contextos bíblicos (Mateo 18:4 y 23:12, 2 Corintios 11:7, 1 Pedro 5:6), la palabra «humillarse» se usa como verbo, lo que implica acción de nuestra parte.  Nos mantenemos con un espíritu enseñable y eficaz cuando nos humillamos y elegimos la debilidad basándonos en la fortaleza del Señor.

Hudson Taylor, uno de los misioneros más reconocidos en China, dijo una vez: «Dios estaba buscando a un hombre lo suficientemente débil para usar, y me encontró a mí».

Por lo tanto, gloriémonos en nuestras debilidades para que Él sea plenamente  glorificado por las grandes obras, las oportunidades únicas en la vida y las semillas plantadas en estos viajes cortos. Seamos flexibles para que nuestra fe sea probada y luego fortalecida. Vayamos con el llamado correcto y el corazón correcto para ministrar y ser ministrados.

Este artículo ha sido traducido del desde el blog de TEAM en inglés. Puedes consultar el artículo original en Two Traits You Need on a Short-Term Mission Trip