Lo que nadie te cuenta sobre cambiar cuando te expones a otra cultura, ft. Sam Masters

Julián Gómez
· · 32 min de lectura

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Transcripción:

David Puerto:

Bienvenidos nuevamente a este espacio donde conversamos con amigos acerca de la misión de Dios. En esta ocasión nos encontramos en Córdoba, Argentina, en el seminario William Carey, con el pastor Sam Masters. Sam, gracias por estar nuevamente con nosotros.

Sam Masters:

Un placer. Muchas gracias.

David Puerto:

Y hoy vamos a hablar seguramente de uno de tus temas favoritos, uno de los temas que más te apasionan. Vamos a hablar del conocido padre de la misión moderna, William Carey. Cuéntanos un poco, Sam, ¿de dónde viene este interés tuyo por la vida de William Carey? Pero, claro, hablar de William Carey es hablar de muchas cosas. Él estaba interesado hasta en cosas de botánica. 

Sam Masters:

Sí, me interesa; no tiene fin. Y yo a veces tengo miedo de que soy medio nerd en esto y termino aburriendo a la gente, así que trato de contenerme.

David Puerto:

Pero ¿de dónde nace este interés?

Sam Masters:

Bueno, a mí me interesó siempre. Recuerdo haber leído una biografía de él cuando era chico. Mis padres fueron misioneros, y me gustaría encontrar ese libro en la casa de mi mamá; debe estar ahí. Recuerdo haberla leído, y me fascinó desde muy joven. Pero cuando hice mis estudios de maestría necesitaba encontrar un tema para una disertación, una tesis, y la verdad es que siento que el Señor me guió a eso. Y la verdad es que fue una cosa exagerada: me metí porque lo he visto como de tanta importancia para lo que estamos haciendo en América Latina, no solamente porque me interesó históricamente, sino por la aplicación que tiene para la obra. Entonces hice viajes a Inglaterra, hice viajes a la India para hacer investigaciones, y la verdad es que se me fue la mano. Pero ha sido de enorme bendición, y sigo pensando lo mismo: que el ejemplo de William Carey es de vital importancia para nosotros, los que estamos empezando en América Latina también un movimiento misionero.

David Puerto:

Desde tu perspectiva, Sam, desde tu investigación, ¿por qué a William Carey se le conoce como el padre de la misión moderna? Si vamos un poquito atrás en la cronología histórica, vemos que la Reforma protestante tuvo lugar, como punto de partida, en 1517, con Martín Lutero, pero con un grupo de personas en Europa. Y William Carey aparece bastante tiempo después, doscientos y pico de años después. En 1792 él escribe este tratado —y si quieres puedes hablarnos un poquito más de eso— y en 1793 sale hacia la India como misionero enviado de esta asociación de iglesias. ¿Por qué pasa tanto tiempo desde la Reforma protestante hasta William Carey, que se le conoce como el padre de la misión moderna?

Sam Masters:

Sí. Por empezar, hay que entender que no es el primer misionero protestante. Habían existido en la época de Calvino: hubo un intento de Calvino de mandar misioneros a Brasil; no prosperó, pero se hizo un intento. Y después, desde Halle, en Dinamarca, se mandaron misioneros: ya había una obra misionera en la India antes de que fuera Guillermo Carey, de los pietistas, en el sur de la India. Los puritanos habían enviado gente a Nueva Inglaterra: el famoso David Brainerd es un misionero previo, un gran ejemplo para Carey. Y los moravos, que también habían enviado misioneros a todas partes y fueron inspiración para William Carey. Entonces, no es que no se había intentado, pero es cierto que pasaron muchos años hasta que con William Carey tenemos la gran explosión misionera que, empezando a finales del siglo XVIII, produce la explosión misionera del siglo XIX. Y las razones son, en parte, me parece, geopolíticas, económicas, una serie de cosas; pero también hacía falta encontrar una metodología, una forma de trabajar. Antes de eso encontramos la gran época dorada de las misiones católicas: los jesuitas y los dominicos y todo el mundo.

Sam Masters:

Exactamente. Y si vamos más atrás, los monasterios. Pero después de la Reforma surgen los jesuitas y, un poco siguiéndoles los pasos a los colonizadores, en todo el mundo hubo una gran expansión misionera católica. Por cuestiones geopolíticas, por un lado, pero también porque ya existía un mecanismo, una organización: las órdenes, los jesuitas y distintos grupos. Ya había un mecanismo. Ahora, con todas las iglesias ya diversificadas del protestantismo, ¿cómo se puede hacer? Y es con William Carey que se descubre la forma de hacerlo. Por eso se le llama así: no porque es el primero, sino porque su forma de pensar fue la clave, la llave que abre la puerta. Y lo que él propone es el uso de medios. Por ejemplo, una iglesia bautista —él es pastor de una iglesia muy pequeña y muy pobre en el centro de Inglaterra— no tiene influencia, no tiene nada. 

David Puerto:

Ni una ciudad grande.

Sam Masters:

No está en Londres, está en un pueblito que se llama Moulton, que habrá tenido a lo sumo mil personas, una cosa así. Pero es parte de una asociación bautista, también de muchas iglesias pequeñas, tampoco con muchos recursos. Pero dicen: «Si nos juntamos, podemos hacerlo». Y después buscaron apoyo de gente de afuera, no solamente de bautistas, sino anglicanos que aportaron, como John Newton, que fue de mucha ayuda en los primeros años. Entonces ellos dijeron: «Hagamos una asociación para poder trabajar juntos». Nos parece obvio, pero no era tan obvio en ese momento. Y en la gran obra de Carey, la investigación, propone eso: usemos medios auxiliares. Entendemos que la predicación del evangelio y la plantación de iglesias es el principio y es el fin del proceso. Pero ¿cómo unimos esos dos puntos, de una iglesia pequeña en Moulton —que quién sabe dónde queda Moulton, en Inglaterra— a una iglesia establecida en Serampore, en la India? ¿Cómo hacemos esa conexión? Hacen falta una serie de pasos prácticos. Y ese es el genio de William Carey: era un visionario muy práctico y nunca desasociado de una teología sólida, sino siempre motivado teológicamente. No es pragmatismo. A veces podemos caer en el error de pensar: «Bueno, era un hombre pragmático». No lo era: era un hombre motivado teológicamente, pero con un gen práctico muy grande. Entonces forma la Asociación Bautista Misionera, la primera asociación importante de la época moderna. De ahí se va copiando. Al principio otros ven esto con mucho escepticismo: «Esto no tiene sentido, no va a funcionar». Muchos bautistas —los bautistas de Londres, la asociación de Londres de los bautistas— dijeron: «No, es una idea descabellada, va a fracasar, no queremos apoyar». Y algunas iglesias no lo hicieron. Después, con el paso del tiempo, cuando tuvo éxito, ahí ya querían ser parte. Pero cuando empezaron a ver que estaba funcionando, no solamente los bautistas se unieron: después los bautistas en Estados Unidos, en las colonias americanas, los anglicanos, los congregacionalistas, y al poco tiempo empezaron a formarse. Entonces, desde 1792, con la formación de la Asociación Bautista, a partir de ahí empiezan a saltar asociaciones por todas partes. No es que los bautistas mandaron misioneros a todo el mundo, sino que todas las iglesias protestantes empezaron también a acoplarse, a unirse al movimiento. Y lo que se produce en el siglo XIX es la explosión misionera más grande de la historia.

David Puerto:

Entonces, ¿tú dirías que el cambio, en un sentido de paradigma, era que antes de William Carey nosotros podemos ver en la historia esfuerzos individuales, verdad? Mencionaste a los moravos, a David Brainerd en el norte del continente americano. Pero no había estructura.

Sam Masters:

No había estructura, o las estructuras que existían no tenían el apoyo necesario. David Brainerd era misionero de la SPCK, o algo así; era una asociación, pero básicamente era una asociación colonial que estaba bajo la iglesia oficial y, por lo tanto, debajo de la corona inglesa. Entonces, al final no es la forma, porque uno no quiere asociar directamente la iglesia, la obra misionera, con un proyecto colonialista. Eso ya conlleva distintos problemas. Ahora, esos hermanos, como ejemplos de fe, son grandes ejemplos. Pero si estamos hablando de mecanismos, es con la idea de una asociación libre, no dependiente de ningún gobierno. Y creo que la idea bautista de la iglesia también es de mucha importancia, porque hay mucha flexibilidad en eso: la soberanía de la iglesia local y la responsabilidad de cada iglesia de participar; no solamente la iglesia en términos más universales, la denominación, sino mi iglesia local. Entonces, varias cosas combinadas llevan a que realmente sea productivo. Y creo, sinceramente, que la providencia de Dios es un obrar de Dios. Yo creo que Dios escoge al más humilde para que fuera el padre de las misiones modernas.

David Puerto:

Porque era un zapatero, ¿no?

Sam Masters:

Era un zapatero, sí. Un hombre bajito, calvo; no tenía presencia física. Predicaba bien, pero era un poco como Pablo, que decía: «Yo entiendo que ustedes dicen que los otros son mejores predicadores, pero el Señor me ha dado esta misión a mí». Y creo que Carey es como si fuera una réplica de Pablo.

David Puerto:

Sí. Y yo creo que eso resuena mucho para nuestro contexto en América Latina, porque nosotros a veces decimos: «¿Cómo voy a participar si mi iglesia es pequeña, o está en tal país, o en tal parte de la ciudad?». Realmente no tenemos los recursos, no tenemos la influencia. Pero el Señor usa vasos de barro también.

Sam Masters:

Sí, exactamente, esto al cien por ciento. Nosotros sí podemos tener lo esencial que tenía Carey: carácter, un carácter formado por Dios —es de gran importancia el carácter—, una teología sana, un calvinismo moderado, un calvinismo no cerrado, sino un calvinismo que decía: «Dios es el gran misionero. Dios está buscando gente. Si nos envía, es porque va a haber personas que van a llegar al evangelio. Estamos con la esperanza de que Dios es el agente activo en este proceso». Entonces: carácter, una sana teología y ese sentido práctico de las cosas. Carey venía de las clases trabajadoras, o sea, estaba acostumbrado a hacer cosas prácticas con las manos. No podía esperar que simplemente con tirar pesos de acá para allá se hiciera; él mismo tenía que poner manos a la obra. Entonces, un gran sentido práctico de las cosas. Y después, la parte realmente brillante es: ¿y si trabajamos juntos y nos organizamos juntos? Y de alguna forma el Señor levantó hombres a su alrededor que empezaron a absorber esa visión. Hubo una gran figura que a veces no se nombra, que es Andrew Fuller. Andrew Fuller fue pastor de una iglesia también de la asociación. Charles Spurgeon dijo que para él el teólogo más importante del siglo XIX era Andrew Fuller. Y Andrew Fuller, un gran predicador, un gran líder, dijo: «Yo voy a comprometer el resto de mi vida a hacer que esto funcione». Se cuenta la famosa historia de que Carey dijo: «Voy a bajar yo a la mina, o al pozo, pero ustedes tienen que sostener la soga». En realidad, eso fue una ilustración de Fuller; no lo dijo Carey, lo dijo Fuller. Dijo: «Es como que Carey nos pidiera…», y Fuller tomó eso e hizo de eso la razón de su vida: sostener esa soga hasta que muere, en 1815, realmente cansado por tantos años de trabajo, de viajes —hizo muchos viajes por Escocia y distintos lugares levantando fondos—. Hubo otro, Samuel Pearce, un pastor en Birmingham, que inventó una forma de levantar sostén: un grupo, un comité de comunicación, o sea, miembros de su iglesia comprometidos a dar, y ellos tenían la función de recibir comunicación de Serampore —lo que estaba pasando en la India— y de promulgar eso, de dispersar esa información, hacer que llegara a todas las personas posibles, y de esas personas recibir donaciones y canalizar esas donaciones por medio de la asociación. Y en base a eso se fueron formando grupos de apoyo, de comunicación y de juntar ofrendas en todo el país. Y ese sistema fue lo que permitió la movilización misionera de ese momento. Entonces eran laicos, eran pastores, que todos dijeron: «Vamos a trabajar juntos». Y es lo que va a hacer falta, porque si nosotros empezamos a trabajar de esa forma, podemos hacerlo. Se puede hacer.

David Puerto:

O sea, que realmente ellos usaron los medios para alcanzar a personas sin testimonio del evangelio, ¿verdad?

Sam Masters:

Sí, en base a una teología muy reformada. Carey se basó mucho en la providencia. Él dijo: «Tenemos el llamado». Él recupera la Gran Comisión. En esa época hubo quienes decían: «No, porque —en base a una interpretación que no entiendo del Apocalipsis— si primero no surgen los dos testigos, entonces no es momento». Él dijo: «Pero esto es muy claro, hermanos. Léanlo, léanlo, porque si lo leen van a ver que dice que parte de la comisión es bautizar. O sea, ¿que no podemos bautizar hasta que surjan los dos testigos? Ustedes están bautizando gente. Y dice: «Yo estaré entonces con ustedes todos los días hasta el fin del mundo». ¿El Señor nos ha abandonado, o pensamos que todavía está con nosotros? Eso es parte de la comisión». Entonces, todo sigue siendo válido para nuestra época. Recupera la Gran Comisión y dice: «¿Y ahora qué?». Entonces dice: si no hay una barrera que nos prohíba ir… Porque antes de que Colón fuera a América, los europeos no sabían que existía. Entonces, si no sabes que existe América, no eres responsable por evangelizarla. Si es imposible llegar, no eres responsable; pero si se puede llegar, eres responsable. Y dice: «La gente, para lucrar, se sube a los barcos y va a los lugares más remotos. Y si pueden hacer eso, ¿cómo no vamos a ir a ganar almas?». Entonces dice: «Miremos los medios que en la providencia de Dios están a nuestro alcance». Tenemos un mandamiento, tomamos esa doctrina reformada —la providencia de Dios— y vemos que Dios nos ha dado los medios. Entonces, utilicemos los medios que están a nuestro alcance. Seamos pobres: yo puedo subirme a un barco, puedo ir.

David Puerto:

Claro. Ahora, regresando un poquito atrás en la historia, Sam: sin Google, sin inteligencia artificial, sin nada de eso, ¿de dónde saca William Carey…? Porque, para los que leen su escrito, esta investigación que él hizo realmente es una investigación, y es probablemente la primera obra misionológica de la historia que hace un análisis de la condición espiritual del mundo. Las tablas que uno ve en ese libro son fascinantes.

Sam Masters:

Y se sabe que en su taller, su zapatería, con un trozo de un cuero grande colgado en la pared había hecho un mapa del mundo, y ahí va anotando los datos que él encontraba.

David Puerto:

¿Eran diarios de marineros, era…?

Sam Masters:

Sí, justamente. Era un gran lector, por empezar, y él pertenecía a una asociación intelectual —esto ya es para la época en que vive en Leicester; fue pastor en Moulton y después fue pastor en Leicester, y Leicester es una ciudad más grande donde hay muchos intelectuales—. Era la época de la Ilustración, The Enlightenment en inglés. Entonces, hay mucha información, más de lo que entendemos, y había muchos diarios. Se hizo un estudio unos veinte o treinta años atrás, y todos los datos de Carey se encuentran en distintos diarios; o sea, que él está buscando en los diarios de su época: «Ah, este dato me sirve». Entonces hizo un rejunte de datos, y la verdad es que el producto final es impresionante.

David Puerto:

Es maravilloso. Es maravilloso. Por cierto, Coalición por el Evangelio tiene esta investigación en español en la página web, y yo creo que, si a alguien le interesa, esa es una lectura increíble. Nunca me acuerdo del título; es larguísimo.

Sam Masters:

Sí, es un título largo, como de la época, pero tiene que ver con si se deben usar medios para la evangelización de los paganos, dice. Algo así.

David Puerto:

Algo así. Así me acuerdo. Debería memorizarlo. Pero William Carey, bueno, hasta es celebrado en la India como una persona muy importante, ¿no? El gobierno de la India sacó unas estampillas en honor a su…

Sam Masters:

Yo tengo esas dos estampillas en mi oficina. Debería haberlas traído hoy.

David Puerto:

Pero él tenía una frase, ¿no?, que es muy conocida, muy famosa: «Espera grandes cosas de Dios, intenta, emprende grandes cosas para Dios», ¿verdad? ¿Cómo se traduciría eso para nosotros en América Latina hoy en día?

Sam Masters:

Bueno, primero hay que entender que es motivacional, pero no solamente es motivacional, sino que es motivación surgida de una teología. «Esperar grandes cosas de Dios»: está hablando de un Dios grande, de un Dios soberano, un Dios que ha anunciado su propósito de que el evangelio llegue al mundo. Un Dios que ha enviado a su Hijo al mundo para que el mundo fuere salvo. Es un entendimiento reformado grande, positivo —porque lo reformado puede volverse negativo y encerrado y pequeño y oscuro; no es eso—: una visión reformada llena de mucha luz y muy positiva, de que Dios ama al mundo y, por lo tanto, mandó a su Hijo, y Dios todavía está en misión. Cristo todavía está en misión. El Espíritu Santo todavía está en misión. Entonces, si esto es cierto, esperemos que Dios cumpla con lo prometido. Esperar grandes cosas de Dios. Entonces, nace de una visión teológica muy profunda. Y después, esa parte práctica que es el genio de Carey: si esto es cierto, si yo realmente lo creo y no es simplemente una teoría, debo actuar, debo tomar pasos prácticos. Entonces empieza con esta idea de qué se puede hacer, cuáles son los pasos que podemos dar. En la primera reunión en que se había formado la Asociación Bautista, los pastores presentes tomaron una ofrenda —y creo que fueron doce los que contribuyeron; no fue una gran ofrenda—, pero en la primera reunión votaron por fin decir: «Vamos a formar la Asociación Bautista Misionera». Y tomaron una ofrenda, y uno de ellos no tuvo dinero en ese momento y escribió: «Debo tanto», y le llevó un año pagar lo que había prometido, pero lo pagó. Entonces, son pasos prácticos. Esta teología la tenemos que bajar a lo práctico. Pablo fue enviado para ir a Chipre. ¿Qué tuvo que hacer? Tuvo que decir: «¿Cómo llego a la costa? ¿Dónde compro el pasaje en un barco?». Son pasos prácticos.

David Puerto:

Ahora, de todo esto comienzan a surgir cosas en la India, ¿no? No solamente una asociación de iglesias involucrada, sino cosas muy prácticas. Yo creo que tendríamos que pasar muchas horas más platicando acerca de los resultados de todo este esfuerzo misionero, no solo de William Carey. Mencionaste a Andrew Fuller, ¿verdad?, y a otras personas: Samuel Pearce y otras personas también que participaron de esta misión. Pero ¿cuáles fueron los resultados de este avivamiento que el Señor produjo en este grupo de iglesias en Inglaterra? Iglesias pequeñitas, con recursos limitados o escasos, podríamos decir. ¿Cuáles fueron los resultados de la misión y del envío misionero en la India?

Sam Masters:

Bueno, por empezar, durante la vida de ellos varios miles de personas conocieron a Cristo y se establecieron muchas iglesias. La visión, creo, era evangelizar, plantar iglesias y reproducir una asociación parecida del otro lado; o sea, duplicar lo que habían vivido en Inglaterra y poder tenerlo en la India. Pero en Inglaterra tenían a su alcance todos los medios producidos por la misma Reforma —hablamos de esos doscientos años—: se había traducido la Biblia, se había producido cantidad de literatura cristiana evangélica, un montón de recursos, organizaciones, escuelas de teología. Todo eso existía en Inglaterra. Allá no existía nada de eso, y no existía todavía la Biblia en el idioma local —o los idiomas, porque son muchos idiomas—. Entonces, el primer paso fue evangelizar; después se forma una iglesia, pero muy enseguida William Carey se pone a traducir la Biblia al bengalí, y al final traducen la Biblia a unos treinta y pico de idiomas más. Y se produce como una fábrica de producción de biblias, de traductores —muchos traductores trabajando juntos—, de varias imprentas; no es que había una imprenta: había un taller grande que en un momento tenía doce imprentas imprimiendo simultáneamente la Biblia en distintos idiomas. Todo esto tiene que ver con la parte práctica. Entonces, si nosotros entendemos que el conocimiento de la salvación viene por medio de la lectura, del entendimiento de las Escrituras, es de vital importancia traducir la Biblia al idioma del lugar. En muchos casos tienen que hacer el primer diccionario del idioma. Entonces los idiomas… Así como pasó con el inglés, que con la Biblia se va consolidando, también con el alemán: con la Biblia de Lutero, el idioma alemán se va consolidando como idioma literario, y uno puede trazar las raíces de toda la literatura moderna alemana, con toda su riqueza, a la traducción de Lutero. Así en inglés también. Bueno, pasa lo mismo en Serampore. Se produce, a partir de ese trabajo, una secuela, una consecuencia: se abre lo que después se llama el Renacimiento Bengalí, que es una explosión cultural que lleva a la época de la libertad de la India, en los años cuarenta, en la India. Figuras como Gandhi realmente encuentran sus raíces en ese trabajo de Carey. El bengalí como idioma literario no existía hasta que él hace el diccionario y traduce la Biblia. En los primeros años de 1900 —no me acuerdo el año exactamente— hay una figura, un gran poeta indio, Rabindranath Tagore, que recibe el Premio Nobel por sus poesías en bengalí. Y es la primera vez en la historia que se recibe un Premio Nobel de Literatura que no fuera en un idioma europeo, como el francés o el inglés; es el primero. Y a él le preguntan dónde nace el bengalí como idioma literario, y dice: «Con el trabajo de William Carey». Y en esa explosión, no solamente porque ellos pusieron el Serampore College —la universidad que existe hasta el día de hoy; está ahí, hay un centro de investigación, yo he estado ahí y pude dormir en el departamento de Carey—, sino que a partir de eso surgen grandes científicos indios. Entonces, todo lo que es hoy en día la India productiva, científica —es un pueblo realmente con un nivel impresionante, que tiene muchos dones—, se potencia. El problema era un hinduismo muy cerrado, muy atrasado, y muchos, aunque no se convirtieron, fueron influenciados por el trabajo. Entonces, hay una explosión cultural muy grande, y también un dato histórico que muchas veces no se sabe: hay una reforma —yo la llamo contrarreforma hindú—, porque el hinduismo está viendo la expansión del cristianismo. Los mismos hindúes más pensantes decían: «El hinduismo está en un nivel muy degradado». Entonces, un poco para que no arrase el cristianismo, hay una reforma dentro del hinduismo. Y el hinduismo que hoy en día se consume en Occidente en realidad es un hinduismo modificado bajo presión de Serampore. Se forman casi cuasi iglesias hinduistas, donde se cantan himnos; es casi un hinduismo cristianizado, o sea que para el occidental es mucho más digerible. Entonces, eso no lo entienden los que dicen: «Ay, qué lindo el hinduismo». Lo que están consumiendo es un hinduismo reformado bajo la influencia del cristianismo.

David Puerto:

Viene a mi mente cuando Dios está haciendo esta promesa a Abraham, ¿no?: «En ti serán bendecidas todas las familias de la tierra», y cómo el ejemplo de Carey nos muestra que llega el florecimiento de una manera que el Señor ha diseñado para cada pueblo de la tierra: en su propio idioma, con sus propias particularidades culturales, con su propio entendimiento de la vida en general. Pero viene un florecimiento con la llegada del evangelio.

Ahora, Sam, William Carey vivió situaciones muy difíciles, no solo en Inglaterra, sino en el campo misionero también. ¿Qué le enseñan esas dificultades a la iglesia latinoamericana? Porque los contextos latinos son complejos en muchos sentidos: mucha desigualdad social, vivimos en contextos donde hay mucha pobreza, hay muchas limitantes, ¿verdad? Entonces, ¿qué le enseñan a la iglesia latinoamericana esas dificultades por las que atravesó William Carey?

Sam Masters:

Bueno, yo creo que dos cosas. Primero, del lado del misionero: el misionero que no está dispuesto a sacrificarse, a pasar necesidad, no está en condiciones de ser misionero. Y ellos vivieron realmente años muy difíciles —siete, ocho años muy fuertes— y pagaron un precio muy alto. Su esposa pierde la razón, tiene un quiebre psicológico en ese lapso. La verdad es que fue muy fuerte, y puede haber habido algunos errores de parte de Carey; pero, más importante, hubo errores de parte de la Asociación Bautista: sostén que no les llegó, que los dejaron mal parados económicamente, una serie de cosas en las que, en su falta de experiencia, se cometieron errores que causaron mucho dolor del otro lado. De ahí la importancia de que nosotros estemos bien preparados: si vamos a enviar gente, no descuidarlos, no dejarlos a la deriva, que fue lo que pasó con ellos en esa época —una ofrenda mandada, enviada desde Inglaterra, llevaba nueve meses en llegar—. Entonces, se administraron mal varias cosas. Es larga la historia y no vamos a entrar en los detalles, pero nosotros, de este lado, tenemos que tener las cosas bien en orden para poder cuidar de nuestra gente. Sí, enviamos misioneros al campo misionero, pero siempre va a haber sufrimiento. Es llevar la cruz; es decir: «Tomo la cruz y voy». Entonces, tiene que ser gente de carácter bien fuerte, ¿no? No en base a la fuerza de la personalidad, sino a su relación con el Señor. Tiene que ser gente realmente comprometida y dispuesta a dar su vida por la obra, por el llamado. Entonces, esas dos cosas.

David Puerto:

Sí. Y para cerrar, Sam: yo podría pasar horas aquí hablando contigo y aprendiendo de todo esto, pero, pensando en la realidad de la iglesia latinoamericana y pensando en la propia vida de William Carey, ¿qué le diría hoy William Carey a la iglesia latinoamericana, desde su propia experiencia al final de su vida, o viendo todo lo que el Señor hizo a través de su vida? ¿Qué piensas que le diría Carey a la iglesia latina hoy?

Sam Masters:

Lo mismo que les dijo a los hermanos cuando empezaron, cuando fundaron la Asociación Bautista Misionera: esperar grandes cosas de Dios, intentar grandes cosas para Dios. Y yo creo que es el momento de que escuchemos ese lema, que lo tomemos como propio. Creamos en un Dios grande, en un Dios soberano, un Dios de providencia, un Dios que cuida de los suyos, un Dios que busca a los perdidos y nos llama a acompañarlo en el proceso. Creamos realmente, no solamente de una forma teórica. Acá tenemos muchos libros, y uno puede leer cada uno de estos libros y llenar la cabeza de muchos conocimientos, y leer a todos los grandes teólogos —Lutero y Calvino y los puritanos— y saberse todo eso, y ser una persona absolutamente inerte y desobediente. Y el Señor, me parece, nos va a llamar a cuentas. La pregunta es si vamos a ser de aquellas personas… porque entre los reformados hay muchos «Señor, Señor», ¿y la obediencia? Si realmente es nuestro Señor, seamos obedientes. Entonces, es esperar grandes cosas de Dios y tomar pasos prácticos: intentar grandes cosas para Dios. Podemos, no porque seamos salvos —porque no somos nada—, sino porque Dios es Salvador. Podemos. Entonces, avancemos, seamos obedientes, tengamos coraje, estemos dispuestos a sufrir cuando haga falta; pero después del sufrimiento viene el gozo. A veces son años, los procesos a veces son largos. Avancemos.

David Puerto:

Sí, sí. Vienen a mi mente las palabras de Samuel Zwemer, este misionero a la península arábiga, al mundo musulmán, que movilizó también a muchas iglesias. Él escribió un artículo que se llama «La gloria de lo imposible», y él dice: «Antes de que los pueblos del mundo tengan su Pentecostés, tiene que haber un calvario».

Sam Masters:

Qué bueno.

David Puerto:

Y yo creo que la iglesia latinoamericana, para participar en la misión, tiene que pagar el precio. Tenemos que pagar el precio.

Sam Masters:

Pero el Cordero es digno, como decían los moravos. Sí, es glorioso y vale la pena.

David Puerto:

Amén. Amén. Bueno, para mí ha sido mucha bendición compartir contigo, Sam. Muchas gracias otra vez por este espacio que nos das en tu agenda, y que el Señor siga usando tu vida y el ministerio aquí en Córdoba para la extensión del evangelio hasta los confines de la tierra. Muchas gracias por acompañarnos en esta entrega, y nos vemos en una próxima ocasión.

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