5 tendencias de las misiones globales en 2024
En este episodio exploramos 5 tendencias clave para las misiones globales en 2024: policentrismo, avance tecnológico, urbanización, migración e iglesias internacionales.
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David Puerto: Hola, bienvenidos a este espacio de Team Misiones de América Latina. Team es una agencia misionera que sirve a la iglesia en este contexto y en diferentes partes del mundo también, para acompañarla en el proceso de participar en la misión global. Este es un espacio donde hablamos con amigos acerca de la misión de Dios, y para mí hoy es un privilegio tener a David Riaño, mi tocayo. Estamos aquí entre Davides. Bienvenido, David.
David Riaño: Gracias, David. Qué bendición estar acá.
David Puerto: Me encanta poder hablar de lo que vamos a hablar contigo tocayo. Pero antes de empezar con el tema, cuéntanos un poco sobre ti. Estamos en Argentina, en el Seminario William Carey, para la Cumbre Misionera Juvenil. Pero tú no eres argentino, así que cuéntanos de dónde eres y un poco también de cómo te encontraste con Cristo, cómo lo conociste.
David Riaño: Bueno, mi nombre, como ya lo dijiste, es David Riaño. Soy bogotano, de Colombia. Felizmente casado con mi esposa Laura; soy padre de una bebé que se llama Catalina, y el Señor me da el privilegio de servir como pastor en una iglesia que se llama Iglesia Bíblica Bautista Familia Fiel. Llevamos cuatro años de existir como iglesia. Estamos ubicados a las afueras de Bogotá, no tanto dentro de la capital sino hacia afuera de la capital. Y aparte de mi ministerio pastoral, tengo el privilegio de servir como editor general de BITE.
Bueno, cómo llegué a los pies de Cristo, realmente algo sobrenatural, porque todas las conversiones son sobrenaturales, pero los hechos son bastante comunes. Un familiar murió, y después de que este familiar muere, toda la familia es invitada al funeral. Allí un pastor predica el evangelio y, bueno, tú sabes cómo es el Espíritu obrando. Simplemente ese día quedé inquieto, y para mí fue imposible sacarme de la cabeza la idea de que hay un Dios y de que hay un evangelio, unas buenas noticias que deben ser escuchadas. Así que no entendía por qué, pero al siguiente domingo estaba volviendo otra vez a la iglesia de donde venía ese pastor, que era la Iglesia Bautista Renacer en Colombia. Y hasta el día de hoy estoy perseverando. El Señor ha sido muy bueno.
Entonces, no son hechos espectaculares: simplemente en un funeral se predicó el evangelio y lo escuché. Pero eso para mí siempre es un recuerdo de lo valioso que es predicar el evangelio en cada oportunidad que tenemos. A veces yo mismo he predicado en funerales, y hay mucha gente que no te está poniendo atención, otros que no quieren tenerte allí; pero fíjate que el Señor obra con la persona menos esperada.
David Puerto: ¿Recuerdas qué edad tenías en ese momento?
David Riaño: Sí, más o menos catorce años. Estaba en plena adolescencia.
David Puerto: ¡Qué bien! Y después de eso entonces comenzaste a congregarte en esa iglesia, en Renacer, también en Bogotá, y llegaste a la universidad. Cuéntanos un poco de ese tramo de tu vida, tu carrera universitaria. ¿Por qué escogiste lo que escogiste?
David Riaño: Bueno, esos años fueron difíciles porque no vengo de un hogar en el que se promoviera el cristianismo evangélico. Por tradición mi familia venía del catolicismo, así que de entrada hubo un choque. Desde muy pequeño, Dios puso en mi corazón el deseo de servirle; ya tenía en el corazón el poder servir en la enseñanza de la Palabra, de ser pastor algún día. Pero eso implicó choque con mi familia. De hecho, comencé a estudiar en institutos bíblicos, y algo que en su momento mis papás me dijeron es: «No puedes continuar en este instituto.» Había oposición allí.
Pero el Señor me mantuvo, porque esa es la obra de Él. Yo estudié en un colegio que era cualquier cosa menos cristiano; todo lo contrario. Era un lugar donde la enseñanza a nivel académico era muy buena, me ayudaron a desarrollar todo tipo de habilidades, tanto a nivel valorativo como cognitivo, pero el cristianismo no lo veías por ningún lado. Todo lo contrario: te estaban promoviendo de alguna manera ideas contrarias a lo que dice la Palabra.
David Puerto: Cuando dices «colegio», ¿te refieres a la secundaria, los años preuniversitarios?
David Riaño: Los años preuniversitarios. Yo entré a la universidad un poco tarde, hacia los dieciocho años. Entonces esos primeros cuatros años de mi vida fue en el colegio, y fue el choque de dos cosmovisiones: una cosa estaba aprendiendo en la iglesia, y otra me estaban enseñando en el colegio y en la casa. Yo siempre les digo a mis hermanos: en ese sentido soy un milagro. Yo debería estar totalmente alejado del Señor, porque tanto mi familia como la secundaria me estaban tratando de jalar lejos de la Palabra. Pero bueno, el Señor nos mantiene.
Ahora, en esos años siempre me llamó mucho la atención las clases de lenguaje. Me gustaba mucho estudiar inglés y español. Para mí era interesante cuando nos traían un texto y nos ponían a analizarlo, a entender su contexto, sus partes, su estructura. Y siempre me llamó mucho la atención el inglés. Así que simplemente por interés terminé estudiando algo que se llama filología e idiomas.
David Puerto: Para los ampliamente ignorantes, explícanos qué es filología.
David Riaño: Sí, todos me lo preguntan. Realmente suena muy importante, pero es básicamente el estudio de las letras. Eso viene de dos palabras griegas: phileo, amor, y logos, palabra; amor por las letras o amor por las palabras. Básicamente mi carrera se trató de estudiar el inglés y la lingüística a un nivel profundo. Fue algo maravilloso. A mí me encanta todo lo que tiene que ver con el lenguaje.
David Puerto: Entonces, no solo es aprenderse la conjugación de los verbos, sino ir más profundo en la estructura y estudiar literatura antigua también.
David Riaño: Y de hecho estudié, por ejemplo, parte de la cultura inglesa: lo que es la cultura del inglés norteamericano en contraposición al desarrollo de la misma en las islas, en el Reino Unido. Y cómo el inglés también se desarrolló en diferentes partes del mundo; incluso estudiábamos el inglés en África, el inglés en India, con todas sus diferencias. Fue algo extraordinario.
David Puerto: Sí, sí se nota que te gusta mucho estudiar el idioma y las palabras.
David Riaño: Sí. Eso era un deleite.
David Puerto: ¿Y en qué momento, David, entendiste que tu profesión podría ser una herramienta vital para el avance del evangelio? A lo mejor nos cuentas también un poco de tu vida universitaria. Porque yo creo que los cristianos tenemos esa lucha de separar las cosas, «Esta es mi carrera universitaria, esto es secular; los domingos voy a la iglesia, canto, doy mi ofrenda y soy fiel, creo lo que enseñan en la iglesia, pero el resto de la semana, mientras estudio en la universidad o mientras estudio y trabajo, esa es mi vida secular.» Cuéntanos cómo fue para ti la carrera universitaria. ¿Pasaste por alguna crisis de fe o alguna dificultad en decir: «Esto es lo que yo creo, lo abrazo y estoy convencido de esto?» ¿Y cómo llegaste a la conclusión de que lo que estabas estudiando y esto que te apasiona puede ser una herramienta útil en las manos de Dios para avanzar su misión?
David Riaño: Bueno, lo primero que diría es que mi inclinación natural no era escoger una carrera distinta a la teología. Cuando el Señor me permite creer, entro en este choque como ya te lo dije, con mi secundaria y con mi familia. Y yo en mi cabeza, en mi corazón, quería simplemente ser pastor y quería ir a estudiar en un seminario. Pero Dios en su providencia no lo permitió, y creo que Él tenía justamente un propósito en ello. No es que el estudiar teología sea el único camino para un cristiano. En mi vida, por lo menos, pude experimentarlo, porque yo igual seguí estudiando la Palabra, pero el Señor sencillamente, a través de la oposición que recibí, no lo permitió. Mis papás no me iban a pagar un seminario, y haber dicho «voy a estudiar en el seminario sin importar lo que ustedes piensen» hubiera sido quizás deshonrarlos, porque yo vivía con ellos y les debo honra a mis padres. Además, no habría sido una decisión muy astuta porque tampoco tenía dinero para irme a aventurarme en el mundo solo. Así que comienzo a estudiar esta carrera de idiomas.
David Puerto: ¿Y en eso sí te apoyaron tus padres?
David Riaño: Sí, en eso me apoyaron. Ellos querían de hecho que estudiara algo como contabilidad o administración; toda mi familia tiene ese perfil, muy de administración y de contabilidad. En ese sentido soy como la oveja negra de la familia, pero igual ellos vieron valor en estudiar idiomas. Sabían que yo fácilmente podía ser profesor, traductor, editor, alguna de estas profesiones, así que no le vieron ningún problema.
Entonces, eso es lo primero que quisiera decir, lo segundo es que en mi vida universitaria tuve varias experiencias que me marcaron. A pesar de que escogí algo relacionado con el lenguaje, nunca he sido un buen lector, y hasta el día de hoy me cuesta. ¿A qué me refiero? Yo tomo un libro y me gusta, pero me gustaría decir que me concentro fácil, puedo pasar las páginas rápido y leerlo rápido, y no: la verdad tengo que tomarlo con bastante tiempo, me demoro mucho, tengo que hacer varias lecturas porque no lo entiendo tan rápido.
Me acuerdo que alguna de mis compañeras en la universidad, yo la veía que en los breaks de las clases, tomaba un libro, se hacía en una esquina y se ponía a leer. Leía y leía y leía. Uno de los que leía, me acuerdo, era Los Juegos del Hambre, y me generó muchísima curiosidad: ¿por qué alguien tiene tanta sed por leer? Me parecía sumamente interesante. Y también era chocante porque no era una persona creyente; ¿por qué un no creyente de pronto tiene más sed por leer que alguien que debería tenerla?. Nosotros somos el pueblo del Libro; nosotros, los cristianos, somos los que más deberíamos estar leyendo, pero yo no era esa persona. Así que la universidad de alguna forma me confrontó y me desafió a crecer en esto que para mí era difícil.
Y ahí voy a responder una de tus preguntas, y es ¿cómo descubriste que estos estudios, esta formación, podía ser clave para la misión? Yo creo que muchas personas están hoy experimentando lo que yo experimenté en ese momento: una dificultad para leer. Algo así, algo tan sencillo. No necesitas que las personas entiendan qué es filología ni estudios de los idiomas antiguos, ni nada de esto. La gente simplemente necesita aprender a leer. Y cuando yo estaba haciendo esa carrera, me di cuenta de que yo no sabía leer bien, que necesitaba aprender a leer y a escribir, y que hay muchos, muchos cristianos que están en ese mismo proceso, y mi formación puede ayudarles a ellos. Esa idea tan sencilla, yo creo, es uno de los fundamentos que Dios puso allí en mi vida para usar todo lo que soy para servir a los demás.
Si un cristiano no sabe leer, ¿cómo va a ser edificado por la Palabra? ¿Cómo va a llegar a las profundidades de esas aguas vivas que están alí en las Escrituras? ¿Cómo se va a alimentar de todo lo que han escrito los grandes teólogos de la historia de la iglesia? ¿O cómo van a disfrutar de la literatura que, no sé, un hermano como C. S. Lewis ha creado? Si no saben leer, para mí esa es una necesidad clave que debemos suplir en la iglesia de hoy. Eso para mi fue revelador. En ese momento me di cuenta de que lo que estaba estudiando no solamente me iba a servir para pagar las cuentas y comer, sino además para servir a las personas.
David Puerto: A partir de que te gradúas, tienes diferentes no solo empleos, sino como aplicar tu vocación al servicio cristiano y al pueblo de Dios, cómo lo acabas de mencionar, pero a lo largo de estos años, después de que sales de la universidad con estas convicciones. ¿Cómo integras tu trabajo profesional con el llamado que tiene cada cristiano a vivir en misión cada día de su vida?
David Riaño: Bueno, la forma en la que yo lo aplico hoy, creo que hacia allá va tu pregunta, la forma en la que puedo aplicar esa profesión en la misión; al día de hoy el Señor me permite servir con BITE. Algo que tuve que hacer mucho en la universidad fue investigar, aprender cosas de las que no tenía idea. Mis profesores me pedían ir a investigar alguna cosa, y yo tenía que ir a encontrar información y luego escribir acerca de esa información que encontraba. Creo que algo que estamos haciendo en BITE es, de alguna manera, ayudar a los hermanos a hacer eso. Estamos investigando sobre todo lo que vive la iglesia en su pasado, en sus desafíos del presente, y lo estamos procesando para traerle a la iglesia algo, para traerle a la iglesia un producto: un video, un artículo, un contenido. Creo que esa es la forma principal en la que el Señor hoy me permite utilizar esta formación en idiomas y en letras: investigar, escribir y servir a la iglesia. No se si eso es lo que preguntas.
David Puerto: Sí, claro. Porque al final, yo creo que el Señor nos da herramientas, y realmente el trabajo está antes de la caída; el trabajo no es parte de la maldición por el pecado. Dios trabaja seis días, descansa, dándonos un patrón, un ritmo de cómo tenemos que vivir pero sin pecado. Dios le da instrucciones al hombre: «Esto es lo que tienes que hacer, y vas a gobernar la creación», en el sentido de administrar lo que Dios ha creado. Entonces es muy fácil para nosotros, de este lado de la historia, pensar que realmente nuestro trabajo importa solo para ganarnos la vida, y el trabajo solo importa para traer el pan y poco mas. Pero realmente Dios nos ha dado dones, talentos, estudios y preparación técnica para servirle a Él y servir a su misión. Esa es la conexión que quiero que hagamos aquí, la reflexión para la audiencia también; y tal vez como seguimiento ¿Podrías darnos algún ejemplo concreto de cómo Dios ha usado tu profesión para abrir puertas para que el evangelio sea conocido?
David Riaño: Bueno, dentro de lo que tú mencionas del llamado que tenemos a administrar la creación, algo que haría un estudiante de letras es enseñar a otros. Dios me permitió trabajar como profesor algunos años.
David Puerto: En la universidad?
Si trabaje tanto en universidad enseñando inglés, como en secundaria también con personas particulares, o sea uno a uno. Y mira que el enseñar idiomas trae una oportunidad muy particular para hablar del evangelio. En la universidad misma, incluso cuando no había terminado, tuve la oportunidad de formar un grupo de estudio bíblico con mis compañeros.
¿Cómo se dio eso? Básicamente, en el inglés tu no estás estudiando una materia como tal, sino que estudias todas las materias, o en general en todos los idiomas, tu estudias todas las materias como excusas para aprender tu lengua. Si estás aprendiendo inglés, puedes estudiar un poquito de ciencias, un poquito de matemáticas, un poquito de política, todo con tal de desarrollar tu idioma. Así que yo les dije a mis compañeros: «Ey, ¿por qué no estudiamos religión? ¿Por qué no estudiamos un poco de la Biblia en inglés?» Y eso realmente se terminó convirtiendo en un grupo de estudio bíblico con el tiempo. Fue muy interesante que años después, algunos chicos que habían estudiado conmigo, de la misma edad, los veía perseverando en la fe y unidos a iglesias locales. Eso fue algo increíble para mí.
Y en los siguientes años, cada oportunidad de enseñanza del inglés, los años que ejercí como profesor, hoy ya no lo hago, pero los años que ejercí como profesor de inglés era una oportunidad de alguna manera para hablar del evangelio con alguien. Si era un hermano, entonces: «¿Por qué no traemos este pasaje de la Biblia y lo estudiamos en inglés a ver qué encontramos?» Si era una persona que no creía en Dios, podíamos traer la conversación acerca de qué opinas de algo como la resurrección, o lo que sea. Fíjate cómo encuentras oportunidades para hablar del evangelio a la vez que haces tu trabajo. Yo no rechazaba el hecho de enseñarles inglés; esa era mi labor, por eso me pagaban. Pero más que me pagaran, era lo que tú estabas diciendo, administramos la creación. Parte de la administración de la creación es ayudar a otros a aprender idiomas porque los necesitan dentro de este mundo globalizado, especialmente el inglés. Pero dentro de esa labor había oportunidades para hablar acerca de Cristo.
Y creo que eso se aplica a todas las profesiones. En todas las profesiones siempre hay formas de conectar lo que haces, no solo con evangelizar, sino en general este es el mundo de Dios y allí se ve la gloria de Dios. Pienso, por ejemplo, en lo que decía Abraham Kuyper, el teólogo neerlandés. Él siempre habló de la soberanía de Cristo en todas las esferas de la vida. Él decía.. Bueno, lo estoy parafraseando, pero básicamente «No hay un metro cuadrado sobre este universo sobre el cual Cristo no diga: Esto es mío.» Y eso incluye las artes, las ciencias, las profesiones. Y él es un ejemplo de ello, alguien como Kuyper transformó toda la sociedad de los Países Bajos, toda la cultura, a través de instituciones, a través de educación, a través incluso de la política. Y él no estaba mezclando iglesia con política; ese no es el punto. El punto es: tú como cristiano haces tu profesión para la gloria de Dios en cada área de lo que haces, y allí hay una conexión con Cristo.
David Puerto: ¿Y qué desafíos has enfrentado, David, al servir en la misión desde tu campo profesional? Porque entendemos también, que en cada área, independientemente de lo que sea, alguien que estudió arquitectura, y en ese campo va a tener oportunidades, si es cristiano, ir en contra de esos principios y esos valores. Y siempre hay en estas áreas, en estos ambientes; en las artes, en la literatura, en la música, en campos profesionales, hay resistencia y hay rechazo al evangelio y a los principios bíblicos. En tu caso, ¿Cuáles han sido esos desafíos y qué has aprendido de ellos?
David Riaño: Se me vienen a la cabeza varios. Después de terminar mi pregrado en filología e idiomas, hice una maestría en estudios literarios, ya no estaba tan enfocada en los idiomas sino en estudiar diferentes corrientes de la literatura. Y hubo algo muy desafiante, y es que los profesores de la carrera exaltaban la literatura a niveles desproporcionados, como que el ser humano básicamente encuentra su propósito en hacer y leer literatura. Hay literatos que han dicho que el objeto de la literatura es la literatura misma; o sea la literatura no sirve para nada, en teoría solo sirve por amor a la literatura, es un arte que es exaltado en sí misma. Solo necesitas leer por el amor a leer, y llegas con todo tu ser y ella te alimenta y genera algo en ti, y ya. Ese es todo el propósito, pero no hay un estándar superior a eso.
Eso me chocó, porque yo de alguna manera comencé a encontrar mi esperanza un poco en los libros. Primero tenía la esperanza de escribir algo que fuera transformador para el mundo; incluso me imaginaba a mí mismo como uno de estos autores antiguos escribiendo sus grandes novelas. Pienso aquí en Latinoamérica, en mi caso Colombia, por ejemplo, en un Gabriel García Márquez escribiendo Cien años de soledad, o todo este movimiento del realismo mágico. Eran personas que transformaban una sociedad completa a través de sus libros. Y yo soñaba con ser algo así.
Y quizás el mayor desafío de eso fue dejar de ver que ya tenemos el Libro de libros. No necesitamos otro libro, no que no haya valor en la literatura, creo que sí lo hay; hay grandes teólogos lo han encontrado, nuevamente pienso en C. S. Lewis hablando de la gloria de Dios en Las cartas del diablo a su sobrino o con Narnia, pero es porque el ya Libro de libros nos ha dado todas las respuestas que necesitamos ,ya nos ha mostrado a Cristo en su máximo esplendor. El punto es que, creo, en cualquier estudio que hagamos, en cualquier profesión, de alguna manera te pueden mostrar que Cristo no es necesario. Mientras se estudié literatura, la Biblia nunca es considerada un libro serio. Sí, es una obra más; es literatura, pero no constituye la literatura. Alguien en mi campo puede verla como parte de la cultura, para de la civilización, en este caso hebrea y griega, pero no está por encima. Eso fue un gran desafío.
Y creo que lo que yo aprendí de eso, por lo menos en el tema que estamos hablando, es que nuestras profesiones, nuestras aspiraciones, nuestros sueños, nuestro trabajo, todo debe someterse a Cristo. No hay salvación fuera de lo que ya encontramos en la Palabra, de ese evangelio. Todas las profesiones te pueden mostrar una salvación distinta, y creo hay que tener cuidado con eso.
David Puerto: Y para cerrar, David, ¿qué consejo le darías a un creyente que quiere participar en la misión pero se siente tan absorbido por su profesión, por su trabajo, o por este mundo, que pierde el norte, pierde la dirección y dice: «Yo me gano la vida, voy a la iglesia, y ya está»
Viene a mi mente el pasaje de Mateo, cuando Jesús está hablando de la parábola del sembrador. Vemos ahí cuatro terrenos, pero vemos tres peligros, que en estos primeros tres terrenos hay tres peligros que están muy tangibles, no simplemente es el terreno en sí, que constituye un peligro, sino el primer terreno, Satanás viene y roba la palabra; en el segundo terreno, dice la persecución y el sufrimiento, es un peligro para que que la palabra no eche raíces y dé fruto; pero el tercer peligro también dice que son los afanes de la vida. Y muchas veces el trabajo es un afán. Y dice Jesús; tienen que tener cuidado con esas cosas, con las posesiones, con las cosas materiales.
Entonces, qué le recomendarías tú a un creyente que dice, yo quiero participar en la misión y quiero tener un propósito más grande que el simple hecho de ganarme la vida a través de este trabajo.
David Riaño: Creo que lo principal es entender que para el creyente no debe haber tal distinción entre lo secular y lo espiritual. Para el creyente, todas las cosas son espirituales. Y creo que lo que tú describes es ese fenómeno en el que un creyente pasa seis días en «lo secular» y un día en «lo espiritual» el domingo, y probablemente llega tarde a la iglesia, y tiene que acabar su día temprano y no comparte con hermanos el domingo, y tiene que levantarse otra vez el lunes a trabajar. Entonces, su vida tiene esa división, entre lo secular y lo espiritual. Pero creo que lo principal es entender que todos los días de un creyente son espirituales.
Entonces, si tu trabajo te está alejando del Señor, lo estás haciendo mal, sea cual sea que sea. Nuestras profesiones no deben ser medios para alejarnos de Dios, sino medios para acercarnos a Dios y hacernos más dependientes de Él, y buscar expresar todo lo que Él nos ha dado para su gloria. Eso aplica realmente a cualquier profesión: conocemos de científicos cristianos, de filósofos, escritores, politólogos, toda clase de cristianos que están allí y que con su testimonio muestran que Dios es el que les provee las capacidades. Si te dejas ahogar por los afanes de la vida, es porque Dios no está en la ecuación. No estás sirviendo porque Dios te capacite para servir, sino para ti mismo.
Es lo primero que diría. También me viene a la mente la idea de que cada uno de nosotros tiene oportunidades únicas de glorificar a Dios que las demás personas no tienen. Eso me parece fundamental. Mira, la persona que glorifica a Dios no es solamente el misionero mártir que muere predicando entre los grupos no alcanzados; esa es una forma de glorificar a Dios, y una muy importante, pero no es la única. Creo que una persona no debería sentirse frustrada porque el Señor, en lugar de haberle llamado a las misiones, quizás le llamó a administrar una empresa. La pregunta es: ¿cómo en esa empresa, él de manera muy específica, puede darle gloria a Dios? Porque solo esa persona, con su contexto, su tiempo particular, su familia.
David Puerto: Su red de contactos naturales.
David Riaño: Exacto, es una oportunidad única que nadie más en el universo, ni a lo largo de las generaciones, ha existido. Solo esa persona tiene esa oportunidad para glorificar a Dios de manera específica. La pregunta es si lo va a hacer.
Creo que eso nos puede ayudar. El ahogarte por los afanes del mundo no depende de tu profesión. No es que el pastor no se ahogue, no es que el pastor esté en «lo espiritual» y el empresario entonces se va a ahogar necesariamente. Hemos visto muchos casos de lo contrario: grandes empresarios dando testimonios maravillosos y pastores perdiéndose en los afanes del mundo. Creo que se trata más bien de aprovechar la oportunidad. Dios nos dio dones para gobernar el mundo. La pregunta es si Él está en la ecuación.
David Puerto: Excelente. Gracias, David, por toda esta reflexión. En lo personal me has invitado a considerar mi vocación como parte de una vida integrada para la gloria del Señor. Y espero que a ustedes también les haya sido de bendición esta conversación, y que el Señor les use donde les ha puesto, para la gloria de su nombre, aquí en nuestro contexto y hasta los confines de la tierra. Nos vemos en una próxima entrega. ¡Que el Señor les bendiga!
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