Servir en los Balcanes: paciencia, familia y el reto de llevar el Evangelio a otra cultura, ft. Leo Montes
Julián Gómez
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David Puerto:
Hola nuevamente y bienvenidos a este espacio donde nos reunimos con amigos para hablar acerca de la misión de Dios. Mi nombre es David Puerto y sirvo con TEAM Latinoamérica. TEAM es una agencia misionera que sirve a las iglesias con el deseo de enviar misioneros transculturalmente para acompañarles y servirles en este proceso de envío misionero.
En este espacio nos reunimos con amigos que tienen experiencia en la misión, con pastores, líderes y misioneros que sirven en diferentes partes del mundo. Y juntos queremos aprender, crecer, conocer más de la misión de Dios y de la realidad de otros contextos diferentes a nuestros contextos aquí en América Latina.
En esta ocasión está con nosotros Leo Montes. Leo hizo un viaje largo para estar aquí en Guatemala, Centroamérica, con nosotros y nos va a contar un poquito más. Carito, su esposa, es mexicana y él es nicaragüense. Así que, Leo, muchísimas gracias por estar con nosotros. Estoy muy entusiasmado por esta conversación porque sé que tienes mucho que compartir y nos bendice que estés con nosotros.
Leo Montes:
Sí, mucho gusto. Pues muchas gracias, David, por este honor. Es una alegría poder compartir también y sé que será de bendición.
David Puerto:
Antes que nada, y para la audiencia que no te conoce, cuéntanos un poquito de ti: de dónde vienes, tu trasfondo, cómo te convertiste al Evangelio… esos detalles.
Leo Montes:
Sí, bueno, como bien dijiste, mi nombre es Leonardo Montes, soy de Nicaragua y prácticamente crecí en una familia cristiana. Mientras crecía, mis padres siempre me enseñaron de la Palabra y siempre nos llevaban a la iglesia. Fue hasta la edad de los 18 años que yo nací de nuevo. En los años anteriores escuchaba prédicas y escuchaba de hermanos que tenían experiencia en el campo, pero nunca tuve ese encuentro sino hasta esa edad, que el Señor me permitió nacer de nuevo.
Estoy casado, como bien dijiste, con Carito, y nuestro hijo Samuel tiene un año y 3 meses. Y juntos le servimos en esta región de los Balcanes.
David Puerto:
Qué bien, Leo. Ahora, mencionaste los Balcanes. Cuéntanos un poco de esta región. Para los que nunca han ido o no conocen, ¿cómo es, cómo son los Balcanes y en qué parte del mundo están?
Leo Montes:
Sí, bueno, mencioné la región de los Balcanes. Servimos ahí con mi esposa en la organización nacional Águilas de Paz, y estamos exactamente en esta región, o se le conoce también como la península de los Balcanes. Incluye países como Croacia, Serbia, Macedonia del Norte, Grecia, Bulgaria… Y es una región que antes formó parte de la antigua Yugoslavia, en el tiempo en que se disolvió debido a los problemas políticos que hubo.
Y podemos decir que es una región mayoritariamente ortodoxa, pero también hay minorías albanesas, musulmanas, católicos y turcos que han emigrado a esta región. Sí, es una región con mucha historia, por los imperios que hubo antes, como el Imperio otomano, que estuvo ejerciendo su reinado por decirlo así.
David Puerto:
Sí, es una zona muy interesante, con mucha diversidad cultural también, ¿verdad? Ahora, antes de llegar y de seguir conversando acerca del lugar donde viven y de lo que el Señor les ha llamado a hacer, cuéntanos un poco, yendo hacia atrás en tu historia de vida: ¿cómo llegaron a ese punto? ¿Cómo llegaron a tomar la decisión de servir al Señor en un contexto tan diferente a donde ustedes crecieron en México y en Nicaragua? ¿Qué es lo que les llevó a ese lugar?
Leo Montes:
Bueno, partiendo ya desde el punto… yo ya estaba como por esa edad de los 18 o 19 años. Pues el Señor siempre me estuvo mostrando a través de otras personas, escuchando testimonios de misioneros y todo. A los 21 años, exactamente, fue cuando participé de este entrenamiento misionero. En ese entonces también conocí a la que ahora es mi esposa.
Entonces, al pasar los años, al recibir otro entrenamiento y después llegar a casarnos, nosotros siempre tuvimos claro que queríamos servirle al Señor en donde Él nos llamara. No teníamos un país en específico, pero sí sabíamos que le queríamos servir al Señor en un lugar no alcanzado, con una comunidad no alcanzada, y también nos movía hacia los musulmanes. Entonces fue así como: «Nosotros, Señor, estamos abiertos a lo que tú nos digas».
Y fue cuando en un momento dado se abrieron las puertas para trabajar en este lugar y fue como: «Señor, es tu respuesta». Porque anteriormente estuvimos orando: «Señor, si es tu voluntad, por favor habla en este momento». Muchas cosas se dieron simultáneamente y todo calzó. Entonces fue como: «Señor, no nos cabe duda de que es ahorita que nos estás llamando a que nos movamos». Y pues dijimos que sí.
David Puerto:
Entonces, este entrenamiento, el primero que mencionas, sirvió para que ahí conocieras a Carito y ahí comenzaran su relación. Pero ambos llegaron a ese entrenamiento con un deseo de poder salir al campo misionero.
Leo Montes:
Así es. De hecho, el Señor hace todas las cosas y anteriormente mi esposa, estudiando en el seminario, leía cartas de misioneros y oraba por ellos. Entonces, tanto por su parte como por la mía, era como que el Señor nos estaba moviendo a eso. Ambos llegamos a ese entrenamiento con ese sentir: «Señor, quiero servirte». Y noticias que habíamos visto de misiones, de hermanos creyentes que estaban siendo perseguidos y torturados, eran como un: «Señor, creo que nos estás llamando». Así que sí, llegamos los dos con ese sentir.
David Puerto:
Es muy interesante lo que mencionas, Leo, porque es muy importante que si dos personas están pensando salir al campo misionero —claro, cada uno tiene su trato con el Señor, ¿verdad?— pero ¿consideras tú que tienen que estar exactamente en la misma página para servir transculturalmente? ¿Qué importancia le das a eso?
Leo Montes:
Bueno, en nuestro caso sí fue algo que el Señor hizo muy importante, porque los dos sabíamos hacia dónde queríamos ir, sabíamos a lo que el Señor nos había llamado. Ni ella se opuso en el momento en que decidimos servir juntos, ni tampoco yo, porque sabíamos que es el Señor quien nos llama.
Y sí es muy importante, porque si hubiese sido yo quien me opusiera a ir a este lugar donde estamos sirviendo, pero ella teniendo el llamado a ir, entonces se crea un conflicto, ¿no? Se crea un conflicto, un «tira y jale», por decirlo así, como: «Pues sí, el Señor habla de esto», pero yo como: «No, yo no quiero». Al final se crea un ambiente tenso sobre si estamos obedeciendo al Señor o no. Por eso es muy importante pedirle al Señor —si alguien está soltero y quiere servir en las misiones transculturales o en su país— por alguien que también comparta el mismo llamado.
David Puerto:
¿Y cuál fue el rol de tu iglesia local? Me gustaría hablar también de la agencia misionera, pero comencemos con la iglesia local. Ustedes vienen de países diferentes, tú y Carito, pero ¿cuál fue el rol de sus iglesias en el envío misionero?
Leo Montes:
Sí, en el caso de mi esposa, al inicio, cuando comenzaba a mostrar ese deseo de las misiones y de ir a otro lugar, no es que haya tenido un respaldo general de toda la congregación, pero sí hubo hermanos que la apoyaron. El llamado y el deseo en ella de obedecer al Señor siempre fue más grande que cualquier oposición o falta de apoyo.
En mi caso, doy gracias a Dios también porque la congregación en sí siempre estuvo animando, apoyando en oración y dando palabras de ánimo. Mi pastor y la esposa del pastor también nos animaban y oraban por nosotros. Y fue cuando nos casamos y vivimos en Nicaragua que nuestra iglesia enviadora allá nos acompañó, animó y apoyó con ofrendas y todo. Nos brindaron ese apoyo que es tan importante de las iglesias a los misioneros y aspirantes.
David Puerto:
Ahora hablemos del rol de la agencia misionera. Ya nos hablaste un poco de que en un entrenamiento se conocieron con Carito, y que este primer entrenamiento sirvió para que comenzaran una preparación. Pero ¿qué rol juega la agencia? ¿Qué otras cosas hace la agencia que no hace la iglesia local? No porque no quieran o no puedan, sino simplemente porque es un rol diferente.
Leo Montes:
Sí, bueno, respecto a la agencia, no es solamente venir y decir: «Bueno, vamos a enviarte a tal país con necesidad», sino que la organización también crea contactos en el lugar donde se tiene pensado enviar al misionero. No es como decir: «Vemos necesidad en tal país de África, te vamos a enviar y que Dios te bendiga», sino que ya tiene que haber algo establecido o algún contacto allí.
Podemos decir que la organización acompaña en todo ese proceso para brindar también un respaldo legal de que eres enviado por la organización, pero no eres enviado únicamente por la organización, sino por la iglesia también. La organización no te envía si la iglesia no te ha enviado; eso es muy importante. Y mientras uno está en el proceso de salida y estando en el campo, con ese respaldo legal y ante alguna necesidad, sentimos ese apoyo.
David Puerto:
Digamos que la agencia misionera es una organización especializada en acompañar el proceso de envío y también en permitir que los obreros se mantengan a largo plazo en el campo.
Leo Montes:
Así es, así es. Ese ha sido el objetivo de la organización y ha sido bien claro: misiones a largo plazo, lo que nosotros llamamos un proyecto de vida. Entonces, aparte de dar ese respaldo, está también el capacitar en una continua capacitación, y un cuidado en cuanto no solo a qué estás haciendo, sino a cómo estás. Eso es algo de mucha bendición.
David Puerto:
Ahora, a pesar de que hay una participación activa de la iglesia local y un acompañamiento cercano de la agencia misionera, hay desafíos que tú estás viviendo en carne propia en el campo, que la iglesia local no va a vivir por ti y la agencia tampoco. Cuéntanos un poquito esos desafíos de adaptación cultural y aprendizaje del idioma. ¿Cuáles han sido algunos de esos desafíos para ti y para Carito en el campo misionero?
Leo Montes:
Sí, bueno, uno de los más grandes ha sido el idioma: cómo poder comunicarse con la gente. Uno llega al lugar y es un idioma que nunca habías escuchado, y se complica hasta para querer comprar un pan. Me recuerdo que la primera vez que fui a comprar pan fue algo bien complicado, a tal punto de que hubo tensión entre quien me quería vender y yo queriendo comprar. La persona se frustraba, yo me apenaba y me frustraba, y dije: «No vuelvo a venir aquí», por la pena y la vergüenza.
Otro de los retos ha sido cómo la gente te percibe a ti y qué concepto tienen de ti no más te ven. Muchos nos preguntan si somos inmigrantes, o si venimos de Siria o de Nepal, y qué estamos haciendo allí. Entonces es cómo presentarnos ante ellos, ante el musulmán que nos pregunta. No puedo venir y decir: «Es que soy cristiano y te vengo a evangelizar». Es de las cosas que todavía le decimos al Señor: «Danos sabiduría para saber cómo responder».
Y otro reto, ahora que tenemos a nuestro hijo Samuel, es cómo criarlo sin tener a papá, a mamá, al abuelo, a la tía o al tío para que nos ayuden. Si bien nuestro equipo nos brinda apoyo —y gracias a Dios por ellos—, mayormente hemos sido mi esposa, yo y el Señor, que nos ha ayudado muchísimo en eso. Nuestro hijo ya va a cumplir 3 meses…
David Puerto:
Sí, claro. Y es hacer de todo, que en tu cultura, en tu país, en tu ciudad, es tan natural y tan normal como ir a una tienda a comprar pan, visitar a un amigo o tomar el transporte público o un taxi. Lo haces naturalmente en tu lugar de origen, pero en un lugar nuevo tienes que aprenderlo literalmente como si fueras un niño.
Y tienes errores, te equivocas y te corrigen constantemente en el idioma y en los desafíos culturales. El lenguaje no verbal va a significar algo para ti y algo diferente para la otra persona, y todo eso tienes que aprenderlo desde cero. Es un desafío enorme, al igual que la identidad de cómo te perciben las demás personas. Quienes están buscando obedecer un llamado del Señor al servicio transcultural tienen que ser conscientes de eso. Si miras 3 años para atrás y dices: «Me habría gustado hacer esto y esto», ¿cuáles serían algunas de esas cosas?
Leo Montes:
Sí, bueno, una es la paciencia. La paciencia, porque uno está acostumbrado a hacer las cosas en su lugar, como decías. Es tan natural, pero no funciona así en todas las culturas. Entonces es como: «Señor, ayúdame a poner en práctica la paciencia y a entender que las cosas toman tiempo y no todo sale como uno quiere o espera».
Otro punto es aprender inglés. Es muy importante saber inglés, porque si no sabes cómo comunicarte en el idioma local, muchas personas sí saben hablar inglés. Es una herramienta grandísima. Miro atrás y digo: debí aprovechar mejor el tiempo allá para aprender inglés.
Otro aspecto es aprender a administrar el tiempo y ser firme en eso. Tu tiempo a solas con el Señor no se discute. Muchas veces, por los ajustes de estar en la cultura o por no tener una congregación o una comunidad con la cual compartir, uno bien puede enfriarse o desanimarse. Por eso es vital esa dependencia cercana del Señor. Gracias al Señor que nos ha sostenido y gracias también al equipo, que nos ayudamos los unos a otros.
David Puerto:
Sí, ahora que mencionas eso, recuerdo que hace no mucho tiempo leí una investigación de COMIBAM (Cooperación Misionera Iberoamericana) y uno de los índices más altos al llegar al campo misionero es el de la vitalidad espiritual o la vida espiritual. Es fácil que la vida espiritual se vaya enfriando con el paso del tiempo sin una comunidad de fe, sin ser parte de tu iglesia enviadora y sin esos ritmos de rendición de cuentas, de confesión de pecado o de ir a tu grupo pequeño. Si no tienes una vida espiritual sólida, es muy difícil que el ministerio transcultural sea sostenible a largo plazo.
Ese consejo que das es muy atinado, y también los demás. El tema del inglés para los latinoamericanos es un desafío, porque no lo necesitas necesariamente para vivir en América Latina si no tienes un trabajo que te lo requiera. Pero al ir a hacer ministerio transcultural, es muy probable que te encuentres con un equipo multicultural donde el idioma común sea el inglés, no el español. El inglés es un puente a otros idiomas y a gente que lo habla en esa cultura. Así que gracias, Leo, por esas recomendaciones.
Que el Señor siga levantando obreros con esta conciencia de prepararse. Hudson Taylor, allá por los 1800, comenzó a prepararse desde muy jovencito para salir de Inglaterra a China. Es muy interesante leer su biografía, porque él decía: «Yo me comencé a preparar conscientemente desde el principio: tener preparación médica, carecer de cosas materiales en el mismo lugar donde crecí, cambiar mi cama por otra en diferentes condiciones, tener un armario más pequeño…» Fueron elecciones que intencionalmente fue tomando. Claro, otro contexto y otra generación, pero nosotros también podemos avanzar y prepararnos de manera adecuada.
Ahora, ya nos hablaste de los desafíos. Háblanos un poco de las alegrías que han tenido. ¿Cuáles han sido las mayores bendiciones de cruzar un océano y, como familia, servir al Señor ahí en los Balcanes?
Leo Montes:
Bueno, una de las cosas por las que agradezco a Dios, y mi esposa también, es haber pasado en gran parte esa barrera o ese umbral de decir: «Extraño tanto mi país que quiero regresarme», o extrañar la tortilla, el pinol —como decimos en Nicaragua—, el cacao, el pan chuco, o los tacos en el caso de mi esposa. Y llegar al punto de decir: «Bueno, Señor, aquí nos tienes» y comenzar a disfrutar de lo que el Señor nos está permitiendo aprender y realizar allá. Llegar a ese momento de paz y decir: «Señor, gracias porque nos tienes acá haciendo lo que tú quieres».
Otra alegría es que, después de vivir en un barrio mayoritariamente ortodoxo, ahora vivimos en un barrio musulmán donde la gente empieza a mostrar curiosidad. Poco a poco estamos creando contactos; todavía no son amigos, pero sí pequeñas pláticas espontáneas. Hoy en día, dos niñas del mismo edificio llegan a jugar con nuestro hijo Samuel. De pronto llegan a la casa y dicen: «Queremos jugar con Samuel». Y decimos: «Bueno, Señor, vamos a hacerlo de esa manera», siempre teniendo cuidado con sus padres. Vemos cómo el Señor puede abrir puertas a través de ellas y de nuestro hijo.
También nos alegra entender un poco más el idioma. Estamos dando los primeros pasos, pero ya no estamos en cero y cuando alguien habla, ya entiendo, o puedo pedir algo en su idioma. Y lo que mencionaba del inglés: hemos tenido que aprenderlo por necesidad para comunicarnos. Aunque tal vez no hablamos un inglés fluido, ya hemos llegado a un nivel para comunicarnos. Es una de las alegrías, y como equipo también estamos avanzando poco a poco.
David Puerto:
Es muy interesante escuchar que están conformados por un equipo multicultural de latinoamericanos. Es una enorme bendición saber que hay un equipo de latinos sirviendo en los Balcanes en una población con muy poco testimonio del Evangelio y poca presencia de una iglesia local. Pensando en eso, Leo, ¿cuáles han sido las lecciones que has aprendido de intentar comunicar el Evangelio, no solo en otro idioma, sino en otra cultura? Porque en América Latina estamos acostumbrados a que hay muchas iglesias y es fácil conectar con un creyente comprometido. Pero al cruzar barreras geográficas, lingüísticas y culturales, hay desafíos particulares para comunicar el Evangelio, porque aunque lo traduzcas, no necesariamente entienden lo que quieres decir. ¿Cuáles son esos desafíos?
Leo Montes:
Sí, como bien decías, puedo traducir algo a su idioma esperando que lo entiendan de la misma manera que yo, pero ahí es donde uno tiene un gran trabajo de entender su cosmovisión. Ellos ven el mundo a través de lentes diferentes a los míos, así que lo que yo diga tiene que ir acorde a su cosmovisión, pero siempre a la luz de la Palabra.
Aún no estamos predicando el Evangelio abiertamente de esa manera; estamos en una etapa de preevangelismo: observando, aprendiendo su cultura, creando amistades, aprendiendo el idioma e involucrándonos con ellos. Es un proceso que puede tomar años, no hay una regla general. En una cultura puede durar más y en otra menos. Hemos entendido que hay que tener cuidado con lo que decimos.
Por ejemplo, un amigo musulmán me decía: «Tú eres cristiano, yo soy musulmán, los dos nos respetamos y estamos bien». En realidad no estamos bien, porque lastimosamente están creyendo en algo que no es verdad. Pero aunque yo sé eso, no voy a venir a decirle: «No, estás mal y equivocado, mira lo que dice la Biblia». Hay que tener paciencia para entablar una amistad poco a poco, y eso lleva tiempo.
David Puerto:
Has traído a mi mente un tema muy importante: no solo la paciencia en el campo misionero, sino la paciencia de la iglesia latinoamericana y enviadora. Muchas veces esperamos resultados muy rápido y pensamos que en los Balcanes, el norte de África o el centro de Asia va a funcionar igual que acá. Enviamos a una familia o equipo y queremos resultados: cuántos convertidos hay, a cuántos discipulas o cuántos llegaron al culto el domingo. Pero no funciona así. ¿Qué le recomendarías a la iglesia? ¿Cómo la animarías para compartir la realidad del campo misionero y qué tiene que aprender para participar activamente en la misión transcultural?
Leo Montes:
Sí, esa es una presión que uno como misionero puede llegar a sentir: «¿Qué estoy haciendo? Ya tengo un año de estar sirviendo y no tengo un amigo» o «Tengo 2 años de estar viendo reportes y no le he hablado a nadie». Es importante saber que no hay una cantidad de tiempo específica para cada cultura, todo trabaja diferente. A veces el misionero siente culpa o dudas sobre si lo está haciendo bien o si debería regresar.
Pero ni nuestro Señor Jesús les demandó eso a los discípulos de forma inmediata. Es un proceso que toma tiempo. La iglesia puede involucrarse orando, enviando y capacitando, pero también acompañando al misionero y dándole respaldo. Hay muchos ajustes emocionales en el campo, sea uno soltero, casado o con hijos. La iglesia enviadora o los hermanos que sostienen en oración son los que sujetan las cuerdas mientras el misionero baja al pozo. Hay muchas cosas en el campo que la iglesia no ve y que el misionero no cuenta, por eso el acompañamiento y el cuidado son muy importantes: saber cómo se siente y qué necesidades tiene.
David Puerto:
Sí, y a pesar de estos desafíos que tenemos como Iglesia en América Latina, necesitamos comprender bien el campo y todo el trabajo que requiere enviar misioneros y ver fruto. No es un evento, sino un proceso continuo. Si una iglesia o liderazgo dice: «Queremos participar y aprender», sabiendo que hay oportunidad en el campo aunque sea difícil, ¿de qué manera la iglesia puede participar más activamente en la obra transcultural?
Leo Montes:
Creo que una forma es incentivar a la iglesia a capacitarse y recordar cuál es nuestro propósito como hijos del Señor, a qué nos ha llamado Él y volver a centrarnos en eso. También se pueden brindar oportunidades a través de misiones a corto plazo para personas que dicen: «Probablemente el Señor me esté llamando, pero no estoy seguro». La iglesia puede dar esa apertura para participar de un viaje corto o conectarse con un misionero, llenando a la congregación de esa conciencia. Las misiones no son un departamento más en la agenda de la iglesia, son lo principal; a eso vino nuestro Señor Jesucristo. Así que se deben promover capacitaciones, impulsar las misiones y repensar cosas a las que les damos una importancia que tal vez no deberían tener.
David Puerto:
Y Leo, para ir cerrando este tiempo juntos, ¿cuáles son algunas peticiones que tú y Carito tienen como familia, como matrimonio y para la obra en los Balcanes que puedas compartir con nosotros en América Latina?
Leo Montes:
Una petición es que el Señor nos dé de su gracia y sabiduría para aprender el idioma, porque queremos comunicar bien el mensaje y, mientras no lo dominemos, podemos cometer errores y malinterpretaciones.
Otra es que el Señor nos ayude en la crianza de nuestro hijo en otra cultura, dándonos sabiduría para tomar decisiones que le agraden y sean para su gloria.
Y también pedimos por nuestra seguridad como familia y como equipo. Uno piensa que no va a suceder nada, pero a veces pasan cosas inesperadas, así que pedimos por la protección de los que estamos sirviendo allí.
David Puerto:
Una de las cosas que hemos comentado aquí es que el inicio de la misión viene de Dios. Jesús dijo en Juan 20:21: «Así como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes». La iglesia local es el origen de la misión a través del envío transcultural a largo plazo, pero el fin último también es una iglesia local con discípulos fieles y obedientes a la Palabra que participen en la misión en su contexto y transcultularmente. Esta ha sido la cadena con la que Dios ha escrito la historia del avance del Evangelio siglo tras siglo.
Animo a la audiencia a orar para que en comunidades con poco testimonio del Evangelio muchas personas pasen de muerte a vida, como dice Efesios. Que el Espíritu obre a través del Evangelio y de predicadores fieles, y que haya iglesias plantadas que den fruto para la gloria de Dios.
Muchas gracias, Leo, por haber estado con nosotros. Ha sido un privilegio enorme escucharte y conocer los desafíos, las alegrías y la realidad de esta zona del mundo. Esperamos que haya sido de bendición para todos. Seguimos acompañándolos y nos vemos en una próxima entrega de este podcast. ¡Que el Señor les bendiga!
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