VIDEO:
PODCAST:
Transcripción:
David Puerto:
Hola, qué tal, bienvenidos nuevamente a otra entrega más de este podcast de Team.
Team es una organización misionera que sirve a Iglesias en América Latina y diferentes partes del mundo para enviar misioneros transculturales, para servir especialmente en aquellos contextos donde no hay testimonio del evangelio, donde la iglesia es menos visible, donde hay poco acceso al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
Y este es un espacio donde conversamos con amigos acerca de la misión, y hoy tenemos a un invitado, otro invitado muy especial: Jairo, Jairo Namnún de República Dominicana.
Gracias por estar con nosotros, Jairo, en este podcast.
Jairo Namnún:
Gracias por invitarme y gracias por decir que soy muy especial, eso me dice mi mamá también y mi esposa. Lo aprecio mucho.
David Puerto:
Y Jairo, aquí en este podcast hablamos con amigos acerca de la misión de Dios, pero antes de hacerte unas preguntas específicas, cuenta un poco de ti. ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? Cuéntanos un poco de tu conversión también, cómo llegaste al evangelio.
Jairo Namnún:
Bueno, gracias por preguntar, David. Mi nombre es Jairo, como decías. Soy esposo de una, Paty, Paty Namnún, 16 años de casado por la gracia de Dios. Si la conoces, sabes que es solamente la gracia de Dios. Padre de tres: Ezequiel, Isaac y María Ester. Tienen 11, 10 y 9.
Tengo también tres perros porque he cometido muchos errores en la vida. Soy pastor de una iglesia llamada Iglesia Piedra Angular en Santo Domingo, República Dominicana. Si no lo habías notado, en algún momento lo vas a notar por el acento, porque a los dominicanos no se nos entiende cuando hablamos, gracias a Dios.
Por la gracia del Señor, tengo 24 años siendo creyente, tengo 36 años de vida. El Señor me salvó a los doce de una manera muy peculiar. Yo me quería bautizar y luego dejé de ir a las clases de bautismo porque quería ir a jugar Nintendo donde un primo. Y cuando regresé a la iglesia, me di cuenta que una persona que yo consideraba que era un profundo pecador, que nunca iba a conocer al Señor, se había bautizado, y yo, que era un buen muchacho, que me había portado bien toda la vida, dejé de no bautizarme porque quería jugar Nintendo.
Ahí me di cuenta que era pecador. Conocí al Señor entonces en ese momento. Mi hermano me dejó saber que el Señor perdonaba a las personas como yo y tenía unos doce años ahí cuando lo conocí. El Señor me llamó al ministerio unos cinco años después.
Allí conocí cómo el Señor quería que yo le sirviera. Entendía que quería que fuera pastor, no sabía cómo eso luciría. Fui tomando diferentes lugares, fui sirviendo en diferentes organizaciones, particularmente en una llamada Coalición por el Evangelio, donde serví muchos años.
Pero luego el Señor me permitió servir de una manera muy cercana en la Iglesia Bautista Internacional, en la IBI, donde aprendí muchísimo. Donde, en Dominicana, decimos que pude “echar dientes” en lo que era servir en todas las áreas. En un momento fui hasta payaso.
David Puerto:
Como agarrar experiencia te refieres.
Jairo Namnún:
Agarrar experiencia, si.
Pude servir en todas las áreas de ministerio y así el Señor me permitió como saber y confirmar que él quería que yo sirviera como pastor. Y es así como, actualmente, ya vamos para tres años con una iglesia plantada desde allá.
David Puerto:
¿Cuántos años estuviste sirviendo en la IBI?
Jairo Namnún:
Quince o cerca de quince años. Sí, catorce o quince años.
David Puerto:
¿Y cómo decidiste salir de la IBI e ir a plantar una iglesia en Santo Domingo?
Jairo Namnún:
Esa es una buena pregunta.
Nosotros duramos un tiempo estudiando en Louisville, Kentucky. Hicimos una maestría, ya un par de maestrías en teología, y nuestro deseo mientras estábamos allá, mientras trabajaba en Coalición por el Evangelio nos habíamos dado cuenta de que había una gran necesidad de iglesias en América Latina.
Hay muchas iglesias en América Latina y, gracias a Dios, hay muchos cristianos también. Y eso es lo que necesitamos, necesitamos mucho de Cristo. Pero había, hay, poco énfasis en la centralidad de Cristo en todas las Escrituras. Y iglesias sanas, todavía hay pocas. El Señor me había permitido viajar y ver que había pocas iglesias sanas, y en ese sentido, yo entendía, debido a mi afinidad con el país, entendía que debía plantar una iglesia en México.
Entonces, al regresar a Estados Unidos, empezamos a hacer viajes de observación a México y estábamos convencidos de que íbamos a plantar allá. Empezamos a conversarlo con uno de los pastores y decían que sí, que suena bien. Y en medio de eso, el Señor nos envía a nuestros hijos. Nuestros hijos, por la gracia de Dios, vinieron por adopción.
Nos dimos cuenta muy rápidamente. Llegaron los dos varones primero, de cuatro y tres años. Pasamos de cero a dos. A los seis meses llegó la niña de dos años. Tuvimos que parar todo, dejar todo ministerio y enfocarnos en nuestra casa por más o menos un año. Y ahí nos dimos cuenta: no podemos plantar, no podemos hacer nada sino enfocarnos en la familia.
Nuestros pastores en ese momento fueron, siempre lo han sido, pero en ese momento fueron muy útiles. Nos dijeron: “Enfóquense en ustedes”. Nos aconsejaron, fueron un regalo de Dios.
Entonces, el deseo de plantar seguía allí. De hecho, yo había escrito ya documentos y valores, hasta nombres de iglesia, pero no podíamos hacer nada en ese momento porque teníamos que enfocarnos en nuestra familia.
Años después, que yo paso por un proceso que en IBI llamaban “anciano de entrenamiento”, me acuerdo que el pastor Miguel me dice: “Mira, te vamos a ordenar este año. ¿Dónde tú vas a servir?”.
Vuelve a mí el deseo, que nunca se había ido, pero vuelve el fuego por plantar. Pero yo pienso: “Es que todavía no podemos irnos”. Mi esposa pasa por un proceso de enfermedad. Mientras está en la clínica, yo no pude estar con ella porque estaba con otros compromisos. Literalmente, estaba casando a una pareja que necesitaba que yo estuviera allí por razones que ahora, pues, no puedo explicar.
Y me doy cuenta de que si íbamos a plantar, tenía que ser en Santo Domingo. Y yo pienso: “Pero es que Santo Domingo ya tiene muchas iglesias”. Pero me doy cuenta allí, mientras estoy observando, que tal vez una iglesia nueva puede hacer cosas que una iglesia establecida ya no puede hacer y que las nuevas iglesias, si cumplen su función, son bien únicas en la manera que Dios las usa.
Entonces, se ha extendido mucho la respuesta, pero fue muy claro para mí que yo decía: “Debe haber confirmación”. Y cuando lo fui confirmando con los pastores y fui conversando con otras personas, quedó muy claro. Era necesario, era útil, no solo para nosotros, sino especialmente para nuestra ciudad, el poder plantar una nueva congregación.
David Puerto:
Qué bueno, me alegra escucharte, porque yo creo que la vida en general es así. Y la dirección del Señor en general es así también. Muchas veces uno tiene una ruta y el Señor va dirigiendo los pasos poco a poco, y Él va desenrollando el plan.
Y yo creo que tenemos que aprender y discernir cuándo tenemos que enfocar una cosa, caminar por acá, por este camino… Bueno, el Señor nos está llevando a otro lado, ¿no?
Entonces, me anima de manera personal saber que el Señor trata así con nosotros. Como que no nos da una ubicación de Waze para llegar, ¿verdad? Nos da una brújula, como: “Sigue el norte, sigue el norte”. Él es el norte.
Jairo Namnún:
Eso está excelente, sí. Y no debemos ser como Balaam, que necesitamos que la burra sea la que nos hable y nos muestre que el Ángel del Señor está allí delante.
Yo creo que Él usa nuestras circunstancias, como tú bien dices. Todavía mi deseo de servir a México está ahí, y de servir a América Latina.
Pero a mí me fascina ver que los valores que nosotros habíamos escrito para la iglesia en México son los valores de nuestra iglesia en Santo Domingo. Cambiamos uno que, si me preguntas cuál es, no recuerdo. Aún el nombre de la iglesia, Piedra Angular, era un nombre que teníamos contemplado para la iglesia en México.
Y yo estoy convencido de que el Señor tenía la iglesia en Santo Domingo en mente cuando nosotros teníamos una iglesia en Guadalajara o Monterrey en mente.
David Puerto:
Y seguramente el Señor sigue haciendo Su obra en esos lugares también.
Jairo Namnún:
Hay alguien se parece mucho a ti y está por allá, por ejemplo
David Puerto:
Sin duda.
Que por cierto, es mi hermano gemelo, se llama Daniel. Pero siguiendo y conectando ese tema de la plantación de iglesias, Jairo, ¿cómo está conectada con la misión de Dios? ¿Cómo la plantación de iglesias y la misión de Dios están conectadas, están interconectadas?
Jairo Namnún:
Bueno, yo te decía hace un momento, conversábamos, ¿verdad?, de que las iglesias nuevas hacen cosas que las iglesias establecidas ya no hacen.
Cuando IBI con tanta gracia nos envía con un equipo plantador, ese equipo plantador empieza a invitar a un grupo de personas que no necesariamente invitaban a la IBI, por la razón que sea, por la razón que sea. Incluyendo yo mismo, invito a personas que yo no invitaba a mi iglesia, aunque yo amaba la IBI. Pero cuando uno empieza una obra nueva, uno invita a personas nuevas.
Eso está establecido y visto en todos los libros y todos los materiales y los estudios: las iglesias nuevas alcanzan nuevas personas. Dios tiene un profundo deseo por salvar, a tal punto que dio a su Hijo unigénito.
Como Dios disfruta salvar a través de las iglesias, Él disfruta las nuevas iglesias, porque las iglesias nuevas Él las usa para la salvación de nuevos creyentes, de nuevas personas, de personas que no han escuchado el evangelio. Es una punta de lanza en la conversión de personas.
Si algo, yo conversaba esto de hecho con los servidores el domingo pasado en nuestra iglesia, si hay algo como que caracteriza mucho a Piedra —Piedra es nuestra iglesia, ¿verdad?—, lo que la caracteriza es que hay un sentido de frescura, porque hay muchos nuevos creyentes.
Eso trae sus propios desafíos, pero, por ejemplo, ahora, a partir de este domingo que hicimos un anuncio de eso, tenemos 23 personas que se inscribieron para bautizarse. Y eso es como nuestro noveno bautismo, octavo bautismo en tres años.
Eso es absolutamente por la gracia de Dios. Dios es soberano en todo lo que hace, pero eso es, en gran parte, por ser una plantación, una nueva iglesia.
Claro, en Santo Domingo, en Dominicana, tal vez ya hayan escuchado, conocido, es como tierra fértil. El Señor está haciendo algo muy único en nuestra nación. Pero eso lo hace con las plantaciones, con las nuevas iglesias.
Entonces, hay algo que ocurre con una plantación, y es que la gente empieza a invitar a personas nuevas. Personas que están dispuestas a ir, que no irían a una iglesia ya establecida, pero se atreven a ir a una plantación.
Y eso yo lo he escuchado a lo largo del continente y a lo largo del globo terráqueo: en una iglesia nueva, nuevas personas van y asisten. Cuando nuestra iglesia ya no sea tan nueva, de seguro no escucharemos estos mismos testimonios. Nos tocará ayudar a plantar otras iglesias para escucharlo así.
David Puerto:
Sí, el modelo bíblico es ese también, ¿verdad? Iglesias que plantan iglesias, que hacen discípulos, que predican el evangelio.
Y en tu iglesia, y en las conversaciones que ustedes tienen con tu equipo pastoral, con el equipo de servicio, con la membresía también, ¿qué importancia y qué relevancia le dan a la misión local y global?
Y siempre es una pregunta que nosotros nos hacemos también, ¿verdad? ¿Cuánto tiempo tiene que tardar una iglesia en ser plantada y en comenzar a involucrar a sus miembros, a sus asistentes, en la misión?
Jairo Namnún:
Claro, mira, esa pregunta yo creo que es más profunda de lo que nosotros pudiéramos entender. Nosotros, no tú y yo, pero al menos nosotros, yo mismo.
Yo creo que nosotros no nos percatamos de qué tan complejo es. Yo creo que yo no me percato de qué tan complejo es para la mentalidad latinoamericana, y en particular la mentalidad dominicana, este pensamiento de la misión multicultural y hasta dónde debe llegar.
Te lo digo porque, por ejemplo, el dominicano—y todo dominicano que me escuche sabe esto—es isleño. Nosotros sabemos solamente lo que tenemos delante porque vivimos en una isla. Y lo que recibimos de afuera y lo que damos afuera es solo turismo. Y es algo externo, momentáneo, de un momento, a menos que sean los gringos, ¿verdad?, que los gringos son los que hacen misiones y más nadie.
Tal vez aquí donde estamos en Guatemala hay un poquito de eso. Tal vez en tu nación hay un poquito de eso también. Si yo tomo algo de afuera, es solamente que lo recibo. Si tengo contacto con algún cristiano de otro país, es que recibo algo.
Pero el dominicano, el latinoamericano en general y el dominicano en particular, no comprende que la esperanza de gloria, que es Cristo en nosotros, es Cristo alcanzando a los gentiles, a todos los gentiles. Y que, por tanto, yo proclamo a Cristo a todos los hombres.
Doy este preámbulo de respuesta porque a mí me sobrecoge el pensar que genuinamente Dominicana tiene un rol que jugar, no solamente para ayudar a los peruanos o para ayudar a los paraguayos, sino también para ayudar a los libaneses—que es de donde es mi herencia—y es también para poder ayudar a la gente de Argelia y el norte de África, que es donde claramente parece casi evidente que pudiera servir la iglesia latinoamericana.
Es que de todo lugar a todo lugar es como el evangelio debería llevarnos. Entonces, solo hago ese inmensamente largo preámbulo—perdónenme—porque es algo que yo tengo muy en la cabeza, pensando: “Oye, ¿y será verdad?”.
Yo creo que sí, que es verdad. No quiere decir que cada miembro de la iglesia lo va a hacer, pero sí que el pensamiento está allí. De que tal vez a los dominicanos nos toca, por ser tan receptores de turismo, poder prepararnos para tener formas de hacer toques del evangelio breves con todos los turistas que vienen. Tal vez eso es lo que nos toca a nosotros hacer ahora.
Tu pregunta puntual.
Yo pienso en nuestra iglesia, detalles sencillos como que, si conoces algo de nuestra iglesia, vas a saber que es una iglesia con una liturgia muy establecida, pero es bastante simple. Nosotros somos muy… Tratamos de ser muy sencillos, de que el servicio se sienta muy sencillo, muy breve.
Y, sin embargo, en todos nuestros tiempos de oración, el tercer punto de petición es una petición de misión. Y el dominicano… Me fascina porque el dominicano no conoce mucho de otros países, pero cuando tú ves que te sientas a orar, de repente estás orando por Lituania. Y muchas veces nos pasa que quien ora nunca había escuchado de ese país, pero está orando por ese país.
Y la mitad de la iglesia nunca había pensado en Corea del Norte, pero ese domingo está pensando en Corea del Norte. Y la principal razón de eso es para que la iglesia ore por la iglesia. Y la segunda razón es para que la iglesia piense en la iglesia en el mundo completo y en las otras naciones.
Yo pienso que eso es parte de ese deseo de que la iglesia piense en la misión absoluta.
Una segunda cosa que nosotros hacemos en Piedra, que lo establecimos así desde el principio entre el liderazgo, es que el 10% de nuestros ingresos se aparta para misiones y misericordia. Es como que nosotros diezmamos para que nunca haya una planificación de misión y misericordia en la que tengamos que decir que no porque no tenemos fondos para eso.
Y a veces me pasa. Me pasó, de hecho, hace un par de semanas, que yo estoy en deuda porque no he logrado invertir lo que necesito. Y finanzas me dice: “Mira, tú estás en deuda con misión y misericordia”, porque tengo más.
Que normalmente es lo contrario, uno no tiene para… Pero como estamos apartando tanto para misiones y misericordia, como que siempre podemos invertir en misiones y misericordia. Es algo que se lo decimos a los hermanos de la iglesia también: que siempre haya fondos para misiones y misericordia.
Y una tercera cosa también, en lo cual yo fallo, pero quiero hacer énfasis lo más posible, es que yo estoy constantemente buscando cómo yo puedo aplicar lo que se haga allí en el pasaje para algo que sea más allá de la congregación y del sufrimiento local.
Porque el mundo entero está gimiendo, está sufriendo. Pero mi mente siempre se va a “cómo yo estoy sufriendo”.
Pero ¿y si yo pienso en cómo están sufriendo otros, quienes no están frente a mí? Pero también, ¿Cristo sufrió por ellos? ¿O no han escuchado de Cristo?
Yo creo que nuestra iglesia—nuestras iglesias, mejor dicho—cumplen un rol muy único cuando yo, como pastor, como predicador, yo les recuerdo que hay otros que no tienen su color de piel, no tienen su mismo lenguaje, no tienen ni siquiera sus mismos gustos, pero tienen un mismo Salvador. O tal vez no han escuchado de su Salvador y están sufriendo como ellos sufren.
David Puerto:
Entonces para sintetizar tu respuesta— que hay mucha tela que cortar ahí, ¿verdad?—pero, ¿tú dirías que desde el inicio de una plantación de una iglesia local tenemos que hacer énfasis en que estamos reunidos para salir?
Jairo Namnún:
Sí, está buenísimo eso que dijo, eso que dijo David. Eso, es.
Mira, en nuestra misión, nuestro lema, ¿verdad?, dice que somos una iglesia que cree en un Dios santo y cercano, que vive por el evangelio de la cruz y que impacta su entorno con la eternidad. Ese último punto fue pensando en la necesidad de salir.
David Puerto:
Nos congregamos para ser esparcidos, bendecir la ciudad, compartir el mensaje del evangelio. Y eso lo hacemos local y globalmente también, ¿verdad?
Y tomo una de las ideas que estabas mencionando hace unos minutos, esta idea de la multiculturalidad. Muchas veces nuestras iglesias son más monoculturales que multiculturales, aunque eso está cambiando un poquito, ¿verdad?
Vivimos en un mundo globalizado, interconectado de muchas maneras, pero también hay muchos extranjeros viviendo en América Latina. Pero hay muchos latinos viviendo en el extranjero también.
¿Cuál es uno de los beneficios, las bendiciones que tú ves en la multiculturalidad dentro de la iglesia? ¿Este es el plan de Dios? ¿O qué nos dicen las Escrituras acerca de la diversidad dentro del pueblo de Cristo?
Jairo Namnún:
Bueno, yo disfruto eso mucho con nuestra congregación. Lo disfruto con mi trabajo también. Déjame dar el principal que yo veo, y es que nos muestra cuáles son nuestros pecados culturales, si estamos dispuestos a escucharlos, cierto, a ambas, a ambas culturas que se juntan. Si estamos dispuestos a escucharlos, el estar con diferentes culturas nos puede mostrar cuáles cosas… Es el pez que está dentro del agua y no se ha dado cuenta que está mojado, hasta que viene el que está fuera y dice: “Estás en una pecera”.
Entonces, eso es un regalo de Dios, porque hay tantas cosas que uno está tan acostumbrado a hacer de una manera, hasta que otro viene y te muestra: “Ah, pero aquí hay otra manera de hacerlo”. Sí, exactamente, y yo creo que eso sin duda es una bendición genuina en nuestras congregaciones. Si estamos haciendo las cosas como la Biblia lo dice, todos nos vamos a sentir un poco incómodos. Si estamos haciendo las cosas como la cultura lo dice, pues Dios se va a sentir un poco incómodo.
Entonces, la realidad de que el Dios de la Escritura sobrepasa todas las culturas es una realidad que nosotros hemos olvidado a veces. Y cuando la mayoría de nosotros hemos recibido eso en nuestras iglesias la influencia de algún misionero que vino, nos enseñó que ese es el tipo de música que se puede hacer, esa es la liturgia que se debe hacer… Nosotros lo que tenemos en muchas de nuestras iglesias es la liturgia norteamericana, medio versión latinoamericana. Pero eso no es necesariamente lo único que se debe hacer. Nuestras iglesias, entonces, cuando son multiculturales o pluriculturales, empiezan a adoptar tanto lo que tiene una cultura como un poquito de lo que tiene otra cultura, porque nos preguntamos no qué quiere hacer el dominicano, o el hondureño, o el guatemalteco, sino qué nos enseña la Escritura.
Y empezamos a conversar. Cuando nos damos cuenta, de pronto tú tienes en tu iglesia a un europeo que te dice: “¿Por qué ustedes hacen eso?”. Y nadie se había preguntado eso hasta que el europeo viene y te pregunta por qué hacen eso. Y él se lo preguntó porque para él le chocó. Entonces, para mí eso es un regalo. Y en ese sentido, yo sí creo que ese es el plan de Dios. Yo no creo que tenemos que forzarlo.
Una tendencia muy común es que queremos que en nuestras iglesias se hable mucho inglés para traer gringos. Pero eso no, eso no es necesario. Lo que sí, mientras estemos predicando y viviendo la Escritura y el evangelio de la Escritura, aquellos que son del Señor, las ovejas del Señor, van a oír su voz. Y debido al mundo en que vivimos, tú vas a recibir inmigrantes, o, como la Escritura les dice, los extranjeros van a sentirse atraídos a aquellos que son del Señor.
Y eso es de hecho… Aún en la Edad Media, cuando la iglesia estaba más corrompida—bueno, que pudiera verse, ¿verdad?—, era la iglesia la que más servía a los extranjeros, a las viudas y a los huérfanos. Así debería ser hoy también. Yo creo que tú lo has visto en tu iglesia. Yo lo veo en mi iglesia también. Yo veo extranjeros que llegan a la iglesia, no necesariamente porque llegan al Señor, sino porque ahí encuentran personas que los reciben, los hacen sentir parte, y de pronto llegan al Señor. Así deberían ser nuestras iglesias también.
David Puerto:
Claro. Yo escuché en algún momento al pastor John Piper que decía, hablando de la multiculturalidad dentro del pueblo de Dios: “Dios no es un Dios, eh, local, no es una deidad local. Dios es el Dios de todas las naciones”. Y mientras más personas de diferentes naciones, trasfondos, idiomas, culturas llegan a Él, Dios recibe más gloria.
Porque, como vemos en Jonás,, en la historia de Jonás, vemos unos marineros en un barco. Cada uno estaba orando a su dios, y Jonás les dijo: “Pues ninguno de esos dioses es el Dios de esta tormenta, es el Dios de todas las naciones y el Dios que quiere salvar a los ninivitas también”, a los asirios. Entonces, mientras haya más diversidad, hay más gloria.
Y yo creo que la multiculturalidad es el plan de Dios. No porque se mira bonito o porque es un buen discurso contemporáneo, simplemente porque Él recibe más gloria. Él no es el Dios de una nación, de un pueblo. Él no es el Dios de los norteamericanos, o de los europeos, o de los latinos. Él es el Dios de todas las naciones.
Ahora, sí creo que hay desafíos en la multiculturalidad. Y en tu caso, has trabajado en organizaciones internacionales, multiculturales, multilingües también. ¿Cuál es, tal vez, una bendición o un desafío que has visto en tu trabajo, en tu ministerio, sirviendo con personas de otros trasfondos, idiomas, culturas?
Jairo Namnún:
Bueno, bendición ya hemos mencionado un par, ¿verdad? Otra bendición es que te permite un grupo de amistades a lo largo del mundo, y que eso nosotros no podemos darlo por sentado. Es algo que uno… Tú y yo somos contemporáneos, ¿verdad? Uno soñaba con eso cuando era pequeño, poder tener un amigo a lo largo del mundo. Eso es un regalo de Dios.
Yo recuerdo conocer por primera vez a algunas de las personas con quienes yo intercambiaba correos, y ese abrazo te hace sentir, te hace añorar el cielo. Oye, qué regalo cuando tú conoces a alguien con quien has hablado por mucho tiempo.
Pero un gran desafío es algo que me hace amar más a mi Señor. Cuando uno tiene que hablar un idioma que no es el propio y uno está hablando en lo que no es tu heart language, el lenguaje del corazón… por ejemplo, yo trabajo en Radical, una organización que busca hacer conocer a Cristo en lugares donde nunca se ha conocido. Es similar a lo que hace su hermosa organización, y me paso el día hablando inglés.
Y hay momentos en que yo quiero que se acabe el día porque quiero ya hablar español. Quiero poder usar mi lenguaje. Aunque tengo muchos colaboradores que son latinoamericanos, mi equipo principalmente es un equipo norteamericano que está a lo largo del mundo norteamericano. Entonces, eso es un desafío real, no poder hablar el lenguaje de mi corazón.
Se me ocurre otro también similar a eso, y es que en las culturas diferentes uno tiene muchos, theos, como cositas que uno dice o que uno hace que son simplemente culturales y que el otro no cacha, el otro no se da cuenta si no es de tu cultura. Son frasecitas, son palabritas, y toma tiempo.
Uno puede hasta ofender al otro simplemente porque uno… ¿qué sé yo? La primera vez que yo trabajé con una persona norteamericana, yo fui a darle un beso en la mejilla. Eso fue en el 2013, y esa persona cayó en shock, pues no podía entender. Era una mujer, no podía entender: “¿Por qué viene este hombre, este moreno de seis pies, a darle un beso en la mejilla a esta rubia?”
Y yo no, yo no entendía. Y son esos momentos donde tú te das cuenta de que somos un poco más complejos de lo que pensamos. La cultura humana, la raza humana, es más compleja de lo que pensamos. Entonces, eso hace cada vez más necesario que uno pueda hablar las cosas, y no quedarse con las cosas calladas, y decir qué uno piensa y qué uno siente, y por qué lo piensa y lo siente. Porque hablando se resuelve.
David Puerto:
Jairo, ¿qué palabras de ánimo tendrías tú para alguien que escucha, ve este podcast y dice: “Yo, quiero conocer más la misión de Dios, servir a Dios en su misión local o global. Soy parte de una iglesia local, pero quiero conocer más”? ¿Qué palabras de ánimo le das a este joven, a esta señorita que escucha?
Jairo Namnún:
Es muy fácil nosotros quedarnos ensimismados. Hay suficientes problemas en el día a día que uno no tiene deseos de darse por otros, es la verdad. Y más si yo me paso el día lidiando con pequeños problemitas y luego, para descansar, me enfoco en mí mismo, ya sea jugando fútbol o jugando “Fortnite”.
Yo te animo, o te animo a que tú puedas pasar un poquito más de ese tiempo dándote a alguien que esté más necesitado que tú. La razón es que Dios nos creó para nosotros mismos. En Filipenses 2, Él nos habla de que hacemos completo el gozo de Pablo y del Señor cuando somos de un mismo sentir, y que nadie tenga en sí mismo, nadie tenga su principal enfoque en sí mismo, sino en el del otro, en el de los demás.
Y entonces, imitados a Cristo Jesús, quien, siendo igual a Dios, no se aferró al ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo. ¿A qué me refiero con esto? Que hay mucho más gozo en dar que en recibir.
Si tú quieres… Si estás sintiéndote como: “Oye, estoy desanimado, me estoy cansando”, la forma de salir de ese desánimo y de ese desgozo, de ese desgano no es más para ti, es más para el otro, es servir al otro. Yo no sé cómo fue que Dios lo hizo, pero Él nos creó de tal manera que cuando yo doy mis panes y mis peces, aparecen más. Cuando yo los guardo, se dañan.
El agua que se queda aposada, hasta el agua se daña. Los panes que yo me guardo se dañan, pero los panes que yo le doy al Señor, Él los multiplica. Así que servir, dar, darte por el otro, buscar los intereses del otro antes que los propios, eso, eso, eso nos llena.
Yo te animo a que lo hagas.
David Puerto:
Muchas gracias, Jairo, y gracias a ustedes también por estar en contacto con nosotros. Que el Señor les bendiga, que el Señor les use, que el Señor use a la iglesia latinoamericana para su misión aquí en nuestro contexto y hasta los confines de la tierra.
Nos vemos en una próxima entrega de este podcast. ¡Que el Señor te bendiga!